Cenizas del mediodía, publicado recientemente en México, se inicia con una despedida: “Adiós a un sueño, no se hace / en la piedra el Paraíso, no hay espacio para el fruto”. Los versos se resisten a proporcionarnos un sentido unívoco en las imágenes y elementos que se aglutinan como símbolos de lo que fue y ya no es: “Adiós al pan, al sabor de otra boca / en la boca propia” o “Adiós a la topografía, al número primo, / a la balanza, a la señal en el cielo o la tierra”
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