Poemas sensibles

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Autor: Alan Mills

Alan Mills - Poemas sensibles
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Viñeta

Entrevista con Alan Mills, a propósito de Poemas sensibles

 

JL Perdomo Orellana

 

¿Escogió el nombre de su nuevo libro para, de paso, poner a sus lectores a reflexionar en que la producción nacional de poesía se ha vuelto insensiblemente ombliguera?

No, más bien es una especie de chiste, de gesto posvallejiano. En cuanto a la poesía local, no sé, no conozco todo, pero hay un par de cosas que me interesan. 

 

Usted mismo, en una dedicatoria dirigida a un colega, tipifica sus textos de «dizque» Poemas sensibles.Para estar a tono con la actual demencia planetaria futbolera, ¿a qué viene tal autogol?

La verdad soy una persona que no se toma muy en serio. Algunos piensan que sí, pero eso quizás se deba a cierta propensión por ver nada más lo que se quiere ver en los demás. Me gusta burlarme de mí, meterme autogoles, los que me conocen lo saben. Y, sí, estos poemas son, ciertamente, «dizque sensibles», pues al final siempre prevalece en mi poesía alguna  distancia, cierta frialdad o cinismo, hay una especie de sensibilidad cancelada por su propia conciencia de sí.

 

En la misma línea de las dedicatorias, y para estar a tono con la chutería nacional, ¿quién es Beatriz Cosenza?

Beatriz es la mujer que acompañó la creación de este libro. Ella ha sido testigo privilegiado de mis titubeantes pasos de poeta, desde el  inicio. Le dediquéPoemas sensibles  porque, de una manera u otra, su presencia se impone ahí por todas partes. Bea es uno de los acontecimientos más importantes de mi vida, sin duda. Puedo decir que me ha cuidado aun sin que yo lo merezca, me da todo lo que tiene. Incluso me procuró una temporada maravillosa en París, donde aprendimos mucho juntos. Beatrice sí que es sensible, y yo más que un Dante soy un infierno.

 

¿Por qué «no vale la pena desbancar dolor/por ideas»?

Es una frase, un golpe de efecto. Este verso pertenece al poema que introduce el libro y, entonces, creo que nada más busqué preparar un ambiente lírico, presentar los códigos que se van a desarrollar en el cuerpo textual. Sonará trillado, pero el «tema» de Poemas sensibles es el dolor. Quiero decir que escribí un libro donde pretendo distintos acercamientos al dolor, sea éste individual o ya como manifestación colectiva.

 

¿Qué encontrarán quienes incendien un libro y lleven sus «cenizas al sepulcro de Kafka»?

Se verán por fin solos, dispuestos a reinterpretar su ira, todo ese odio. Estarán solos y finalmente podrán llorar por aquella ocasión en que su madre les dio con el cordón de la plancha. Verán ese sepulcro convertido en una ciudad gris, llena de paredes, y de las paredes saldrán luces como peces de colores. Tendrán llanto, sus lágrimas iniciarán un sendero que va a tocar los bordes de la silla del padre que nunca quiso mirarlos. Su padre será un pez de colores, vigilado por esos ojos que ya habrán dejado de llorar.

 

¿Qué es eso de querer a alguien «a diez millones de angstromios/de distancia»?

Es quererla entre la piel, caminando entrañas.

 

¿Para qué «chupar hormigas» y «quitarle espinas a un pez estremecido»?

Para sentir nuestro dolor pleno de dimensiones nuevas. Para parecernos a un personaje de Fellini. Para que al vernos, la gente se cambie de acera o suba la ventanilla del carro.

 

¿Adónde apunta su indicación «El recorrido de lenguas debiera serse/la principal materia de la poesía lírica»?

A un cuestionamiento de la poesía lírica en sí, a su reproducción en tanto epifanía cultista o floritura del lenguaje. En Poemas sensibles he querido intentar la instauración de un texto que muestre las llagas, es decir, que genere crisis desde el diseño de sus propios mecanismos expresivos. No tanto una poética del cuerpo, como presentar el testamento del cuerpo en el texto. Algo así como usar la palabra para representar, con toda la radicalidad posible, los diversos caminos trazados por un cuerpo sobre otro. Caminos de dolor, de placer, de piedad. Entonces, la indicación referida persiguió, pienso, el establecimiento de una mínima poética, de algo que iría a cohesionar la urdimbre emocional acontecida en Poemas sensibles. Corporalidad como leitmotiv.

Tal vez valga anotar aquí que al escribir este libro, considero no haber utilizado los ya manidos recursos del efectismo iconoclasta noventero, sino que intenté transitar por una serie de estrategias que buscaron reterritorializar diversos discursos éticos, políticos y existenciales.

 

En «(Anuncio)» se cuestiona usted: «Quien que es podrá hacer llorar con palabras/a una manada de cebúes». Entre la fecha de edición de su nuevo libro y la fecha de estas respuestas, ¿fue despejado ya tal misterio?

¿Quién podría? Y si pudiera, ¿cómo hacer para que no lo crucifiquen o lo hagan encerrar en los megatemplos?

—¿Es Guatemala el sitio ideal para sentirse «inaudible» y «arratonado»?

Toda Guatepeor es una floración dormida. Para nosotros masacre es carnaval, para nosotros procesión es linchamiento en slow motion.

 

Recientemente estuvo usted en México para presentar sus Poemas sensibles.¿Cómo le fue? ¿Qué fue a decirle a los nobles mexicanos que le hicieron compañía?

Me fue muy bien, estuve muy contento por allá (tequila, tlacoyos y pozole); me dedicaron algún boletín de prensa y se llenó el local donde presenté el libro. Carlos López, mi editor y ahora amigo, me recibió como a un hermano. Tuve la oportunidad de charlar prácticamente con todos mis amigos mexicanos, que no son pocos. Apunto que la mayoría de mis interlocutores está en México y Chile, así que el viaje resultó muy estimulante en términos intelectuales. También aproveché para presentar la revista Rusticatio, que es un proyecto multinacional que dirijo y se desarrolla desde Guatemala.

 

¿Qué hay de Mario Monteforte Toledo en las treintipocas páginas de Poemas sensibles?

Mucho. En realidad Poemas sensibles es un libro que creo le habría gustado a don Mario, por descarnado y político. Mi primera formación literaria se la debo a Monteforte y no podría negar que su tutela incidió en muchas visiones que tengo sobre la literatura y la vida. Con todo, quizás resulte sano aclarar que tengo pocas cosas en común, hablo en términos estrictamente literarios, con la obra de mmt: no me considero su heredero ni mucho menos. Pero, claro, sí me enorgullece haber sido su alumno.

 

¿Qué viene después de este libro noblemente editado por Carlos Humberto López Barrios? ¿Otro libro? ¿Otro viaje? ¿O viajes y libros son lo mismo y para qué redundar?

Pues algún viaje, varios libros. Creo que pondré a circular próximamente Marca de agua (publicado por Editorial Cultura en 2005) y editaré en lo próximo mi nueva apuesta poética: Síncopes, libro que refleja el viraje radical que he asumido respecto del acto de escribir poesía, un texto donde planteo una frontera muy difusa entre hecho social y  hecho literario. Además, una nueva editorial latinoamericana (con sede en Estados Unidos) me ha ofrecido compilar lo mejor de mi trabajo en un volumen que se llamará Testamento futuro, que posiblemente saldría a la luz este año. Después de esto dejaré de publicar poesía un tiempo: casi me da vergüenza tener tantos libros editados. Sólo me tranquiliza el hecho de que todos juntos apenas y rebasan las 150 páginas. Es un número aceptable para 5 años de trabajo, creo. Por lo pronto, pienso seguir dedicado de lleno a la revista hispanoamericana que dirijo: Rusticatio (www.rusticatio.com). Viajes: Perú y Chile, en septiembre. 

 

 


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