Las razones del viento

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Las razones del viento, Pedro Reygadas, 2014, 124 p., ISBN 978-607-420-154-3, $130.00
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Viñeta

 

El cielo y el campo

son igual de bajos

 

y las montañas y los lagos

igual de planos

 

 

Todo es idéntico y diferente

El cocodrilo del cielo es finito e infinito

   

Lo más grande no tiene límite

tampoco lo más pequeño

 


 

Pedro Reygadas:

Las razones del viento

 

Juan Antonio Rosado

 

Lo más grande no tiene límite

Tampoco lo más pequeño

P.R.

 

Hay poemas que, por su intensidad y concisión, son capaces de sintetizar casi una eternidad en unos cuantos versos: una historia, una emoción. Todo el universo conocido o imaginado (hasta el momento no conocemos otro) es poetizable si hay una mirada que, tras la contemplación, descubre las realidades ocultas en los objetos, hechos o situaciones. De tal modo, Pedro Reygadas supo captar en unos cuentos versos la violencia que trajo el encuentro de América con el llamado «viejo mundo»: «El sueño/ se vuelve sangre», y más adelante: «Llegan entre alabanzas/ minas de mierda divina/ y/ armas de odio/ que revientan la historia/ vomitando sobre América». Después de una enumeración de infinitivos: «Descubrir/ Encubrir/ Invadir/ Inventar» aparece el año: 1492. Este es el «Proemio» a la primera parte —titulada «Yolokuikatl, canto del corazón»— de su reciente poemario Las razones del viento.

Yolokuikatl intenta recuperar la expresión poética del pasado precolombino, con imágenes que evocan aquellas épocas, pero también con la sensual figuración del paisaje vinculado a la problemática de una colectividad que se pregunta «¿Acasovivimos acasomorimos?». La única certeza es que en las montañas crece la hierba y que todos llegan a los nueve escalones de la región de los muertos. Pero la voz poética no permanece entre estas presencias. Dirige su mirada hacia el corazón menesteroso que «sólo va coceando» y que busca, pero encuentra «lo torcido». El «Señor del cerca y del junto/ forja a las gentes con su pensamiento/ Se inventa a sí mismo». El poeta recobra y actualiza la expresión de Netzahualcóyotl y nos la ofrece en el aquí y el ahora, en su honda universalidad. Búsqueda, incertidumbre, identidad y otredad; dolor por la destrucción y recuperación del mito; preguntas sin respuestas… todo esto nos lleva a un mundo que ardió en la hoguera: «y no nació un nuevo sol/ sólo/ la sombra más profunda/ de la colonia». El final de Yolokuikatl está hecho de trozos, como el pasado prehispánico.

Luego aparece «El ombligo del sueño», sección en la que es mucho más notorio el sincretismo de distintas culturas: la hindú, la china, la egipcia, la griega, la náhuatl… Hay también reflexión en torno a la palabra. Los juegos de palabras, juegos tipográficos y dibujos intercalados (entre ellos, un ideograma) que poseen una lectura hacen muy propositiva esta parte, que revela las inquietudes cosmopolitas y religiosas del poeta. Leemos, por ejemplo: «La iglesia sin embargo/ tiene los pies de barro// los sacerdotes se encargan/ de alimentar el miedo».

La última parte se titula «Más allá del día y de la noche», con mayor presencia del budismo, pero también del taoísmo e incluso del confucianismo, tendencias que dosificadas esparcen los versos de esta obra impregnada de espiritualidad y, por lo mismo, inabarcable en una modesta nota que, por cuestiones de espacio, no puede extenderse más.

 

La Cultura en México, suplemento de Siempre!, núm. 3198, México, 28 de septiembre, 2014, p. 84-85

 

 

 


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