La Sublime Comedia

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Hernán Lavín Cerda - La Sublime Comedia
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Viñeta

A la extensa obra literaria de Hernán Lavín Cerda, iniciada en Santiago de Chile en 1962, viene a sumarse un nuevo título, La Sublime Comedia, que se compone de poesía de amplio registro, así como de prosa con intensidad y temperatura profundamente humana, donde también palpita el espíritu poético. Hay un tono de humor paradojal, de suave o perspicaz ironía: un carácter a menudo enigmático a lo largo del libro.
El 7 de diciembre de 1988, Luis Cardoza y Aragón señaló en el prólogo que escribió para la obra panorámica Adiós a las nodrizas o el asombro de vivir (1992): «Lavín Cerda es un escritor de gran sabiduría y de visiones personalísimas. Solamente nos perturba su lucidez. Lo leo paso a paso porque me va cautivando su escritura, la brisa que cruza por sus ramas, en la cual se mezcla el ingenio con el canto. Su poesía pensativa avanza lúdicamente con asociaciones inesperadas que producen accidentes que son felicidad. En su apariencia de juego, en su juego de apariencias, nunca falta lo insólito y el sobresalto ante el mundo que despertaron mi curiosidad. No sé en dónde arranca esta súbita poesía y menos sé adónde va. Si lo supiera, ¿para qué leerla? Hay irrisión y un elogio de la vida. A veces percibo que se halla dotado para asombrarse con cualquier cosa sin ser por ello infantil. Lo siento colmado de relaciones vitales y librescas: las librescas son también relaciones vitales e invencibles como las relaciones del destino».
Más de veinte años antes de las palabras de Cardoza y Aragón, Julio Cortázar le escribe a Lavín Cerda desde Saignon, en Francia, luego de leer su libro Neuropoemas, publicado en Chile en 1966: «En este tiempo en que más que nunca me dedico a leer poesía, recibir una serie de poemas como los tuyos es una alta recompensa. Soy parco en elogios. Si te digo que tu libro me parece muy bello, tómalo en la más estricta acepción de la palabra. Tienes un acento y un ritmo extraordinariamente personales, que dan a tus poemas ese impulso que los clava para siempre en la memoria. Has evitado la facilidad, ese bichito que se come a tantos... Lo que tienes que decir lo dices siempre alto, y que el que pueda estire el brazo y se coma la manzana; se ve que no estás dispuesto a dársela a la altura de la boca».
En las páginas de La Sublime Comedia respira el espíritu diurno, crepuscular y nocturno de los seres humanos. Aquellos seres de pronto imaginarios, como diría Jorge Luis Borges, que se dejan cautivar por las vibraciones visibles y semiocultas de aquel ritmo que piensa: ese ritmo que se se articula y canta no deja de cantar mientras va pensando. A cada instante, sutilmente, aparece la música misteriosa del pensamiento. Todo sucede por primera vez, ¿pero de un modo infinito?

 


Viñeta

Hernán Lavín Cerda nació en Santiago de Chile en 1939. Es licenciado por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, desde 1965. Fue redactor y columnista de varios periódicos y revistas de Chile durante la década del 60 y principios del 70. En 1970 obtuvo el PremioVicente Huidobro por su texto de narrativa poética La crujidera de la viuda. Durante 1971 fue becario del Taller de Escritores Jóvenes dirigido por Enrique Lihn en la Universidad Católica. Reside en México a partir de octubre de 1973. Desde 1974 es Profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, dentro del área de Letras Hispánicas. De 1975 a 1979 dirigió el Taller de Poesía del Instituto Nacional de Bellas Artes. A partir de 1992 es miembro de la Academia Chilena de la Lengua. Ha publicado más de cincuenta libros de poesía, ensayo y narrativa de ficción. Ha sido traducido al alemán y al inglés. Su obra poética y narrativa aparece en antologías de Latinoamérica, Estados Unidos y España.

 


Viñeta

Obra publicada: Novela: Aquellas máscaras de gesto permanente (1989), Memorias casi póstumas del Cadáver Valdivia (1996), Historia de aquel verano en Valparaíso (1997), Los sueños de la Ninfálida (2001). Cuento: La crujidera de la viuda (1971), El que a hierro mata (1974), Los tormentos del hijo (1977), La felicidad y otras complicaciones (1988), Historia de Beppo el Inmóvil (1990), La novia de Italo Guastavino y otras provocaciones (2001), La muerte del capitán Carlos García del Postigo y otras ficciones (2005). Ensayo: Metafísica de la fábula (1979), Ensayos casi ficticios. De lo lúcido y lo lúdico: literatura hispanoamericana (1995), Las noches del calígrafo. Ensayos casi ficticios (2002), Esplendor del árbol de la memoria. Ensayos casi ficticios (2005). Poesía en verso y prosa: La altura desprendida (1962), Poemas para una casa en el cosmos (1963), Nuestro mundo (1964), Neuropoemas (1966), Cambiar de religión (1967), Ka enloquece en una tumba de oro y el toqui está envuelto en llamas (1968), La conspiración (1971), Ciegamente los ojos, 1962-1976 (1977), El pálido pie de Lulú (1977; 1979), Ceremonias de Afaf, 1975-1979 (1979), Alucinación del filósofo (1983), La calavera de cristal (1983), Pánico del ombligo (1983), Nueva teoría de la evolución (1985), Las nuevas tentaciones (1987), Locura de Dios y otras visiones (1989), Al fondo está el mar. Figuraciones de España (1990), Cuando yo era niño y otras desviaciones (1990), La nostalgia y otros juegos de azar (1991), Adiós a las nodrizas o el asombro de vivir. Obras casi escogidas (1992), Confesiones del Lobo Sapiens (1992), Por si las moscas. Galas del trovar (1992), La zancadilla celestial (1994), La sonrisa del Lobo Sapiens. Antología Poética (1995), Alabanza de aquel vuelo y otras visiones (1996), La inmortalidad y otras provocaciones (1996), Nuevo elogio de la locura (1998), Música de fin de siglo. Antología poética (1998), La sabiduría de los idiotas (1999), La noche de las transfiguraciones (2000), Hombrecito del sombrero/ Das Männchen mit dem Hut (2001), Discurso del inmortal (2004), Tal vez un poco de eternidad (2004), Divagaciones del pequeño filósofo (2005), Imágenes robadas (2005), La sintomatología y otros palos de ciego (2006).
 


Viñeta

Hernán Lavín hermana poesía y filosofía en La sublime comedia

CARLOS PAUL

Hace algunos años, el poeta argentino Roberto Juarroz (1925-1995), creador de Poesía vertical, en una conversación con algunos de sus colegas de México y Chile, en una casa de Coyoacán, comenzó a hablar sobre la escritura poética y el pensamiento reflexivo.

En esa ocasión, recuerda el también poeta Hernán Lavín Cerda, Juarroz de manera suelta comentó: «Me he preguntado varias veces, en qué momento en el desarrollo histórico de nuestra poesía escrita en español, se dio una cierta separación entre la escritura poética, entendida como un flujo de emociones, y el pensamiento filosófico o reflexivo».

«¿En qué momento se separaron?, si es que alguna vez estuvieron juntos», se preguntaba Juarroz en dicha ocasión, quien sentía que se había siempre privilegiado el ámbito de las emociones.

Esa tarde, apuntó Lavín, «dimos vueltas conceptualmente alrededor del mismo eje: el pensamiento sensible. O mejor dicho, sobre la necesidad de conseguir un equilibrio entre la vigilia y el sueño, mediante un lenguaje capaz de pensar y sentir».

«Juarroz me decía —recuerda Lavín Cerda—: “La escritura poética ha de ser la transmisión artística de un sentimiento; pero esa nueva dimensión de lo real que es el poema, habrá de ser, asimismo, un fenómeno de lo que llamamos inteligencia”».

Así, a partir precisamente de esa propuesta y reflexiones y un posterior intercambio epistolar entre Juarroz y Lavín sobre el asunto, es que se van conformando los textos de La sublime comedia, el más reciente libro publicado por el poeta Hernán Lavín Cerda (Santiago de Chile, 1939), quien luego de salir exiliado de su país, radica en el nuestro desde hace más de 30 años.

Este volumen «intenta ubicarse en el justo medio», apuntó el autor. «Desde ahí oscila en una dinámica pendular: tan pronto se carga hacia la vigilia como al sueño. En el centro habitan el sueño diurno y la vigilia nocturna. Es escritura coloidal o proteica, politonal, que tiende a retroalimentarse a través de la energía generada por sus propias ramificaciones».

Las escrituras que integran La sublime comedia, publicado por Editorial Praxis, fueron incubándose durante varios años, articulándose día tras día, explicó en extensa charla con La Jornada.

«La poesía intelectual debe entretejer gratamente esos dos procesos. Así lo hace Platón en sus diálogos, también Francis Bacon en su enumeración de los ídolos de la tribu, del mercado, de la caverna y del teatro, igual en algunos de sus textos Borges. En mi opinión, otro de los maestros es Emerson. Aunque igual lo han ensayado, con diversa felicidad, Browning y Frost, Unamuno y, me aseguran, Paul Valery».

El afán en parte de dicho volumen es desarrollar esa propuesta, «no sé si mal o bien, lo he más o menos conseguido», expresó Lavín, autor también de Esplendor del árbol de la memoria y Ensayos casi ficticios.

En La sublime comedia, añade, se integran también textos poéticos «que pretenden atrapar al lector sin soltarlo de principio a fin; escrituras donde se mueven lo reflexivo, el sentimiento, pero, sobre todo, la parte física y rítmica, lo acústico del idioma. Hay textos sobre «la visión que tengo sobre algunas regiones de México, sobre la evocación de mi padre, nacido en el norte de España, de lugares que he estado en sueños o físicamente, otros, que tienen que ver con Europa del Este y algunos poemas amorosos y eróticos, en este caso no son sólo textos denotativos, que hablan de una cierta situación erótica, el desafio fue cómo funciona el erotismo al interior del lenguaje, si ese lenguaje se mueve o no eróticamente.

«El cultivo de la palabra poética —escribió Lavín Cerda— es autognosis, descubrimiento de los orígenes, aparición de los ángeles y demonios. Constituye un viaje de plenitud, certeza e incertidumbre, hacia el reino de lo desconocido, aún cuando la criatura humana es temerosa de la naturaleza de esos viajes».

La Jornada, México, 11 marzo, 2007

 

 

 

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