Hojas del árbol pajarero

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Humberto Ak’abal - Hojas del árbol pajarero
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Viñeta

Humberto Ak’abal (Momostenango, Totonicapán, Guatemala, 1952), poeta, ha publicado El animalero (1990), Poemas (1992) y Guardián de la caída de agua (1993). Su obra ha sido traducida al francés, alemán e inglés. Poemas suyos han aparecido en periódicos y revistas de Centroamérica, México, Venezuela, Uruguay, España. Su libro Guardián de la caída de agua fue nominado el Libro del Año y galardonado con el Quetzal de Oro APG 1993 por la Asociación de Periodistas Guatemaltecos. Ha participado en congresos y encuentros internacionales de su especialidad. 
 


Viñeta

Mayra Vargas

No utiliza un lenguaje rebuscado. Al contrario, por su sencillez y simplicidad, la poesía de Ak’abal ha encontrado un gran número de seguidores, a quienes ha cautivado porque no necesitan de intermediarios para entender sus poemas.
        Ak’abal es uno de los primeros poetas indígenas contemporáneos cuya creación ha dejado de circular en medios reducidos para trascender a un nivel universal. Un nivel donde no existen etiquetas, nacionalidades, ni tampoco importa el origen étnico, pero sí el valor de lo escrito.

 


Viñeta

 

Jorge Rogachevsky

Humberto Ak’abal intercala el lenguaje humano con el lenguaje de la naturaleza. Antes de nombrar escucha y admite que el resto de la naturaleza también está regida por una vitalidad comunicativa y que hay que construir el lenguaje humano con base en ese lenguaje más amplio, y no en contra de él.

 


Viñeta

 

Mario Monteforte Toledo

Ak’abal tiene la capacidad de percibir y expresar esencias. Inevitablemente tiende a apropiarse del mecanismo de la expresión occidental. De sus vastas lecturas no puede salir inmune; pero siempre será un poeta indio.

 


Viñeta

 

Aurelia Dobles

La poesía de Humberto Ak'abal es la voz que transcurre como un río dentro de la oquedad de una vasija, llena de ecos y de sombras venidos desde muy lejos.

 


Viñeta

 

Nelson Cesín

Una mano con memoria. La poesía del poeta indio Humberto Ak’abal va fundando lo que nombra y sólo crece al ser convocada por la memoria de su cultura.

 


Viñeta

 

Efer Arocha

Cuando Ak’abal hace sus poemas sobre animales, plantas y sobre todo con el agua y la oscuridad, no es un poeta; él en sí mismo es poesía, poesimidad.

 


Viñeta

 

Carlos López

La luminosidad de la poesía de Humberto Ak’abal es selvática. Su esencia tiene sus orígenes en la tradición literaria guatemalteca más remota. Sus versos tienen una gran profundidad poética, están enraizados en la filosofía de su pueblo.

 


Viñeta

 

Oscar Wong

En Humberto Ak’abal advertimos el deseo vehemente de cantar su entorno con sencillez coloquial, sin tantas pretensiones ni recursos técnico-expresivos. Persiste un tono prosaico, reverencial, casi ritualista, para exaltar a la naturaleza, para identificarse con ella. La mujer también se observa desde la perspectiva analógica con la luna, como resabios de antiguas creencias, como guiños de ancestrales ceremonias.

 


Viñeta

 

Raquel Huerta-Nava

La poesía de Humberto Ak’abal posee una gran fuerza, es un canto mineral, vegetal, canta a sus vivencias, a su entorno, a la naturaleza.

 


Viñeta

 

Carlos Illescas

Los críticos de muchos países, sobre todo los de lenguas diferentes del español, han dicho cosas muy halagüeñas de Humberto Ak’abal. Digamos, han hecho un reconocimiento de sus altas cualidades poéticas; todos ellos lo alaban al momento de reconocerle su filiación profundamente vernácula o autóctona o indígena. Es decir, en Ak’abal (en maya-quiché, amanecer; en cakchikel sería saker-ti) han encontrado de pronto que la poesía no es ejercicio literario sino identificación de las cosas con el gran uno que es el hombre mismo.

Salud, Humberto Ak’abal, por mostrarnos que en Guatemala no a fuerza los ríos se coagulan.

 


Viñeta

 

Carmen Nozal

El silencio es el hábito del verso, y sus poemas, el cuerpo que se anima con el canto. A veces, no tienen tiempo. Parecen inatrapables por las palabras. Son más de la oralidad que de la escritura. Y es que tienden a levitar sobre las hojas de este libro para escuchar el diálogo que establece un árbol con muchos pájaros.

Los poemas de Humberto Ak’abal nos enseñan un registro de miradas que planean sobre lo minucioso y lo exuberante. El poeta se nahualiza para hacernos soplar en su sonido. Entonces, hay que callarse y escucharlo porque, después de todo, quien escribe poemas de amor escribe poemas que sobrevivieron a la dulce amargura de la nostalgia.

 

 

 

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