Guatemala, rosa herida

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Liliam Jiménez - Guatemala, rosa herida
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Viñeta

Liliam Jiménez (Santa Ana, El Salvador, 13 de diciembre de 1922), ensayista, poeta, periodista, estudió filosofía y letras en la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala. En este país vivió de 1945 a 1954; formó parte del grupo Saker-ti. Se casó con Raúl Leiva, escritor guatemalteco. En 1954 escribió su primer libro de poesía, refugiada en la embajada de Ecuador en Guatemala, donde permaneció algunos meses en espera de salvoconducto para exiliarse, luego del cruento golpe de estado que derrocó al presidente Jacobo Árbenz Guzmán el 27 de junio de ese año. Tu nombre, Guatemala es el título de dicho texto, que suma a su belleza conceptual la belleza de linóleos de una guatemalteca entrañable, Rina Lazo. Ha obtenido diversos premios literarios a nivel hispanoamericano. Su obra ha sido ampliamente difundida en revistas y periódicos de América Latina y Europa. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, ruso e italiano, y son varios sus libros publicados.  
 


Viñeta

Carlos López

En Guatemala, rosa herida, Liliam Jiménez, esta valquiria moderna, ensaya-imagina; sueña-vela; da testimonio-revela; acusa-se rebela; describe-inscribe; lanza petardos-recoge la flor herida. Este es un libro desgarrador —como la realidad, y no más allá—; nuestra poeta —guatemalteca por elección no por accidente— sabe lo que dice y lo que dice es directo, llano, quemante, arrasante. Cuando hace su recuento de matones y los califica a todos como basura no está descalificando. Al contrario, sus adjetivos son rabiosamente exactos y proféticos. Los relatos, las cartas (el género epistolar adquiere aquí otra dimensión), los sueños, son la forma que toma el empalabramiento de una realidad caótica, cruel, hiriente.
        A Guatemala la han herido, pero nunca de muerte. Aquí está otro botón de muestra.

 


Viñeta

Liliam Jiménez 

Evocar a Guatemala es evocar mi hermoso pasado ausente, mi juventud dichosa. Me sacudo cada vez que escucho su nombre. Fue mi paraíso, el surco arado de ternura, mi primer encuentro con el sueño. Hoy espero la resurrección no de la carne, sino del pueblo. La resurrección del fuego.
        Este testimonio fue escrito poco a poco. Me fui recreando en su dolor. Refleja una etapa cruel durante el gobierno de Romeo Lucas García; etapa que con pequeños cambios es la misma. La misma clase dominante, dominada por la maldad. La misma injusticia con su color de abismo. Decidí sacarlo a luz porque el tiempo pasa y pasa como la vida. Y el hombre es historia, espejo de sí mismo y de su ambiente. Sabemos que el hoy surge del ayer y nos enseña el mañana. Que puede haber eternidad en una lágrima.
        Este testimonio, pues, no tiene dueño. No pertenece a nadie. Es de todos y para todos. En el contexto general se respira el drama de un pueblo. Su acontecer es terrenal. Su miedo, su angustia y esperanza surge del suelo. Su prodigio consiste en que los hechos son reales. La recreación literaria es ocurrencia. 
 

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