El último vuelo fue a Shanghai

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Flor Aguilera García - El último vuelo fue a Shanghai
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Viñeta

 

Tras la sombra del dragón

Maite Villalobos

El último vuelo fue a Shanghai es una bitácora poética, un diccionario fotográfico en el que Flor Aguilera conduce al lector por un sinnúmero de mundos y paisajes. El libro se divide en siete partes: en la primera, la voz poética observa a lo existente como si lo descubriera, como si jamás hubiera sido materia de percepción de sus sentidos externos; es, por tanto, una especie de exilio de la caverna platónica. La segunda parte está marcada por las nuevas significaciones que se otorgan a los conceptos y a las realidades; y a la vez, por la búsqueda de vías para hacer nuestro lo natural. La tercera parte encierra una serie de transformaciones que culminan en la música, es la casa de las musas, donde sólo cabe música y poesía. La cuarta parte es un ramillete de sueños, que la voz poética trata en la frontera de la vigilia. La quinta parte es la tierra de los desiertos y las dunas, de los soles venenosos en los que el yo poético se sienta a recobrar el aire perdido en la caminata. La penúltima parte, la pérdida, la ausencia, la cabeza clavada en el dolor. Y la séptima es un espejo en el que se reflejan, de manera más precisa, los impulsos poéticos que dieron lugar al vuelo. Hace un momento me refería al libro como una bitácora poética porque en ella encontramos las notas del viaje, que en realidad son una serie de viajes, entre los que están: el viaje a la luz, como el viaje originario, como el parto; y el viaje al centro de la tierra, donde la tierra no es sino la conciencia individual, y los Infiernos dantescos, el contenido psíquico y afectivo. Así, este libro, al igual que la Odisea, es la búsqueda constante del espíritu inquieto. Y el medio de transporte en el que avanza el yo poético es la madre fantasía; esa extraña facultad que da lugar al arte y convierte al artista en el ser capaz de superar lo dado. Sin embargo, la poesía desatada de estos sueños casi astrales, vuelos, caminos y nados no es una descripción de lugares y momentos reales; más bien es la transformación del espacio y tiempo en un mundo recreado o modificado por la acción poética; mundo intimismo que la poeta nos devela. Aquí, se cumplen las palabras de Huidobro, porque el poeta no canta sobre la rosa, sino que la hace florecer; porque no canta sobre la lluvia, sino que hace llover; porque no canta sobre el papalote, sino que lo hace volar. Y más allá de lo que se pueda creer, la aparición de Huidobro en estas hojas no es arbitraria, porque en El último vuelo fue a Shanghai podemos hallar múltiples actos creacionistas, en los que se proponen relaciones nuevas, que nunca encontraríamos en la realidad, como es el caso de los siguientes poemas:

 

Buda de jade/ ¿acaso comiste/ un enorme acuario vacío/ con tus dedos de arlequín?

O bien:

Shanghai/ Charrán monstruoso que suena a historia/ concertando caos en la conciencia de un puerto/ se disfraza de serpiente/ con cabeza de dragón.

Y por último:

Encuentro comida para tus ojos/ bocas ulceradas con el desengaño del día./ Del sexo de tus estrellas nace una flor de loto.

 

        En estos tres ejemplos la voz poética crea realidades que se suman al los reinos vivos e inertes del cosmos con el mismo valor que éstos.
        Este libro es además un laberinto de opuestos inclusivos, en donde nos espera un tigre, que encierra, según la simbología china, la oscuridad y la Luna llena; en donde las paredes están pintadas con paisajes de monte luna, luna monte; en donde se siembran modalidades con la semilla de su opuesto; en donde la figura del pescado, con su carga occidental de divinidad, y su carga oriental de fecundidad, da lugar a un único misticismo. El poema es el siguiente:

 

Anoche soñé con Dios/ Era un pescado enorme/ en un mundo lleno de chinos/ llenos de yos/ Era el fin del libro.

 

        En lo que se refiere al uso de la palabra y a las licencias propias, la voz poética omite algunos artículos, preposiciones y conjunciones; otorgando así más fuerza a los sustantivos y adjetivos; además de los juegos duales que propone en la significación de los términos, las enumeraciones, que si bien no son extensas sí son caóticas; y las reiteraciones que promueven el ritmo del poema. La poeta utiliza las palabras como el bautista, primero devela lo que se oculta debajo de los nombres que por convención tienen los seres de la realidad, a continuación los desnombra y los reinventa, para por último bautizarlos con metáforas, como se nota en el siguiente poema:

 

Pergamino/ Sello rojo,/ cerezo rasgado,/ madre.

 

        Así, desde el vocabulario hasta las imágenes cortadas que reinan en el libro, forman parte de la construcción del nuevo cosmos.
        Para cerrar esta presentación, recurro al final del libro, donde la voz poética se autodenomina vouyerista, ya que así como para los creacionistas el poeta primero crea y después crea y de nuevo crea, para Flor Aguilera, el poeta observa, luego observa y a continuación observa, y, a partir de tales procesos, crea. Este tipo de poesía es casi completamente visual, pues, como en una fotografía, la vista se corona como el principal de los sentidos externos, dejando sólo a la imagen, sin dar lugar al sabor, ni al olor, ni al sonido, ni al tacto. Estos cuatro sentidos quedan momentáneamente dormidos; dormidos hasta que el lector los invoque y los evoque. Y parece que en este recorrido, los ojos de la voz poética poseen una capacidad sobrenatural y mágica con la que alcanzan a contemplar los resplandores y los colores que nadie más podría notar, más en un estado de alucinación que de sueño, porque percibe los chispazos en los que se hace presente la esencia de lo existente y el ser brilla con su luminosidad omniabarcante. Y es en este sentido en el que el poeta se convierte en un verdadero vidente que, según Rimbaud, llega a lo desconocido, y aun cuando demente, termina por perder la comprensión de sus visiones. Como conclusión, El último vuelo fue a Shanghai es un ritual de relámpagos, papalotes y enigmas con el que cualquier lector podría recobrar la locura.

 

 

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