El rostro de la nada

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Manuel García Cano - El rostro de la nada
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Viñeta

Manuel García Cano nació en Azcapotzalco, D.F., México, en 1957. En 1989 ingresa a la Sogem para cursar la carrera de escritor. En 1990 obtuvo el Premio Internacional de Poesía Latinoamericana, en Buenos Aires, Argentina. En 1991 fundó la revista de literatura y arte Pregonarte.
        En 1992 organizó, junto con otros poetas, el Primer Encuentro Interamericano de Poesía Navachiste, en Sinaloa. En ese mismo año dirigió el Movimiento Poética de la Tierra. En 1994 fundó, al lado de Carlos López, los Cuadernos de Poesía Alebrije. En ese mismo año participó en emisiones radiofónicas para difundir la literatura y el arte a través de Radio Educación. Sus textos han sido publicados en revistas y periódicos nacionales e internacionales. 
 


Viñeta

José Antonio Alcaraz 

Su experiencia poética se refiere por lo general a tonalidades y ámbitos crepusculares. Reflexión donde la mirada se posa finalmente sobre el sujeto mismo que la emite; introspectiva, desde luego, por si hiciera falta señalarlo. Aun cuando en apariencia el tema o punto de partida sea otro —paisaje, amiga, efeméride— el grupo de poemas de Manuel García Cano aquí incluido ejerce, eventualmente de manera acerba, un autoexamen empecinado. Se exige con extremado rigor una visión equitativa, carente de concesiones, capaz de procrear imágenes veraces, así hayan de resultar punzantes.
        Aquí, asume los inicios de una voz propia sin negar los ancestros que le nutren en el trazo de sus contornos melódicos: graves, dilatados, con veladuras manifiestas y recorridos pesantes tanto como de marcada hondura. Al leer estos poemas queda de manifiesto, una vez más, el significado primigenio y último de la palabra vocación: llamamiento.
 


Viñeta

Antonio López Chavira

En el caso de García Cano puede hablarse con justeza de esos locos buscadores de la poesía que, como una condición inherente, participan de esa rara cualidad de Tiresias: el ser ciego y, sin embargo, tener, aunque sea tan sólo por enceguecedores momentos, la facultad de ver. 
 

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