Desde el fondo de la tierra, poetas jóvenes de Oaxaca

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Desde el fondo de la tierra, poetas jóvenes de Oaxaca, Carlos López (comp.), 2012, 120 p., ISBN 978-607-420-101-7, $120.00
$120.00


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Viñeta

Marisol Jiménez Cruz
Sonia Prudente López
Eduardo Santiago Gijón
Sllenii Sánchez Gabriel
Viridiana Blanco Anzúrez
Óscar Tanat
Guillermo Clemente
Enrique Arnaud Blum
Yendi Ramos
Mahra Ramos
Oliver Velázquez Toledo
Jesús Rito García
Ibán de León Santiago
Saúl Díaz
Óscar Cid de León
Alfonso Carballo
Juan Pablo Vasconcelos
Jorge Solana Aguirre
Israel García Reyes
Enna Georgina Osorio Montejo
Didier López Carpio
José Molina
 

 

Viñeta

 

Araceli Mancilla

 

Veintidós poetas mujeres y hombres, en un rango que va de los veintitrés a los treinta y siete años de edad, son los habitantes de este poemario. Si queremos encontrar en ellos un rasgo en común estaría en el carácter circunstancial de lo que nombran. A pesar del título que los reúne, la tierra desde la que hablan sus escritos no es plenamente reconocible. Encontramos el mar, la casa en el pueblo, el mercado, la estación de autobús, la cantina, la ciudad, pero sin que sean el paisaje o el lugar los protagonistas. El taxi, el estudio, la alcoba, el teatro, el cine e incluso un burdel son ámbitos de discursos donde predomina la intimidad, el pretexto para que el yo meditabundo o exaltado exponga su deriva, a veces con voz inocente o lírica, otras con desenfado y estridencia.

Estas poéticas hacen referencia indirecta a un contexto social y como alusión literaria alguna marginal de Garcilaso, Cortázar, Carilda Oliver y Triztan Tzara (para ilustrar, por ejemplo, un poema compuesto con ánimo dadaísta). La realidad inmediata se aborda tamizada por la cultura popular, por la ironía, el sentido del humor ––rozando lo negro–– y ciertas nostalgias de familia. Junto al erótico, el tema más frecuentado es el amoroso. Una visión decadente del entorno es constante junto a la del hastío. El énfasis se consigue en ocasiones con acento pornográfico, remisión a la violencia sexual y mordacidad. En otras,  el lenguaje concentra gracia y sutileza, como en los versos de Yendi Ramos; o gravedad y hermetismo, como en los de Enna Osorio.

La apuesta formal en general es por una retórica sencilla. En ciertos poemas, sin embargo (de Marisol Jiménez Cruz, Óscar Tanat, Eduardo Santiago Gijón y Jesús Rito García), las rupturas o búsquedas de cambio en los distintos planos lingüísticos son evidentes y adensan el sentido de los textos. En un deslinde de solemnidad refrescante, el aire a lo Bukowski ronda los poemas de Saúl Díaz. De tono más introspectivo, trazadas con precisión, son las reflexiones de Óscar Cid de León, Juan Pablo Vasconcelos y José Molina.
En suma, en estos poemas de la tierra se percibe una poesía de la cotidianidad, del instante, del estar en el mundo que deja su rastro captado al vuelo. Después de leerlos queda la sensación de entrar en algo fugaz que se apresa mientras corre la vida. En esa medida las siete mujeres y los quince hombres que componen el poemario son poetas de su presente. Han construido el poema lejos de la abstracción. Éste sucede. Su rasgo es testimonial. Sus creadores expresan la poesía como un acontecimiento donde otra realidad aparece mientras los traspasa la experiencia. Sin sofisticaciones fuera de la sola escritura, ocurre de pronto la cuchillada que quiere sangrar la estética circundante. Desde el fondo de la tierra parecería señalar entonces un espacio espiritual más que físico, un converger en este mundo digital y caótico desde un territorio inútil, improductivo, pero de honda e indispensable rebeldía, el de la desnuda poesis.

 


Viñeta

 

Oaxaca no es tierra baldía.

Un viaje con los jóvenes del fondo de la tierra

 

El oro estaba debajo de tus amalgamas…

El oro seguía completito, ni un gramo menos.

Tengo años escarbándote las muelas —dijo el

ortodoncista—. Y siempre tienen ese olor a caño

lo sé, doc, dijiste. El hedor no me deja comer.

Ni besar. Lo sé, doc. Los dientes de oro ya pasaron de moda.

 

Andrés S. Victoria

 

Así nos recibe un escenario simple al abrir el libro; le da la bienvenida al lector una imagen concreta llena de desfachatez y sin sentido, creada por la primera poeta de la antología, Marisol Jiménez, la más joven. En el principio de la muestra del trabajo literario de 22 poetas jóvenes de Oaxaca, al leer la portada, tal pareciera que encontraremos textos que pudieran ser una recopilación de postales, alusiones a lugares folclóricos del estado, estampitas provincianas o que conforme damos vuelta a las páginas, las palabras invocarán imágenes localistas y limitadas. «Pero Oaxaca aparece poco», refiere el maestro Carlos López en su prólogo. Igualmente el poeta Alfonso Carballo se refiere en este sentido: «Se han saltado la cerca, su terruño no representa un motivo más para escribir». Por el contrario, conforme se va descubriendo este itinerario poético, los lectores encontramos de lleno escenarios lúdicos, estados oníricos, imágenes, símbolos poéticos profundos y hasta complejos; lejos de una visión estrecha y localista.

Todos ellos, los poetas jóvenes de Oaxaca, han surgido de ambientes culturales diferentes. Contextos poliédricos donde convergen espacios:

Unos, por el mero afán de contradecir de alguna manera lo establecido; otros, circunscritos, con el único propósito de compartir textos. Igualmente los hay tan sólo por el gusto de escribir sin un orden y sin ninguna presión académica. Algunos más intentan romper con eventos y con críticas, con inercias oficialistas o colusiones artísticas burocráticas.

Existen por supuesto también los talleres de arraigo, en forma y disciplinados, que imparten algunas personalidades exitosas de la literatura en nuestro estado, en donde surgen muchos de los nuevos creadores.

Nuevos creadores que confrontarán (y otros se alinearán) con los parámetros sobre calidad literaria, en muchas de las ocasiones impuestos por intereses exclusivos para lucrar con el  capital económico y político.

Otros más, jóvenes ya arraigados, establecidos en otras latitudes de nuestro país y del mundo, y por consiguiente, envueltos en otras realidades. Por otro lado, se encuentran los poetas que están inmersos en los diferentes espacios que no son oaxaqueños, pero que viven desde hace tiempo en el estado y entonces se autoadscriben como escritores oaxaqueños. En el quehacer literario de Oaxaca sin duda existen y coexisten diversos núcleos de escritores.

Parte de esos escritores llegan a esta antología, cuyo valor reside precisamente en ese arcoiris de universos. La voces resuenan integrándose desde cada tierra y son nombradas desde adentro, donde cada uno de los jóvenes moldea su voz y un significado propio.

Eduardo Santiago Guijón lo demuestra:

 

Dios duerme con las luces del patio encendidas y con su pájaro dodo entre las almohadas.

Sllenii Sánchez Gabriel escribe:

Descalza me voy.

(Descalza pisé tu calle, tu casa y tus mañanas.)

Y al apagar la luz, alfileres de sol

me disecarán tras cruzar la puerta.

 

Al adentrarnos en el libro, sensaciones diversas, intensidad en cada uno de los jóvenes antologados, distintas posturas verbales nos llevan por senderos de lenguajes poéticos que cautivan y reflejan un trabajo arduo, sin temor de plasmar su talento en un párrafo o en un verso. Jóvenes que arrojan revelaciones y verdades desde su realidad hacia la realidad de otros.

Enrique Arnaud Plumm escribe:

 

La música que se pregona

se desbarata en terrones

de miseria.

Como una mosca en un vaso de leche como una bailarina millonaria.

Yendi Ramos cuestiona:

¿Has conocido mejor argumento

para quedar atrapada en una torre de cantera suave y amarilla,

dejarte absorber como un manantial de leche

casi de miel, casi de seda?

Olivier Velázquez Toledopregona:

quien se llama como yo                                   

que haya nacido un minuto antes.

Quien está de acuerdo en ser tú,

pero un minuto después.

Ojalá pierdas conmigo un poco de tu tiempo

 

Otros, con el embeleso de la «anormalidad poética», donde la desolación se convierte en la única manera de mirar al mundo, conjugando la irreverencia en la cotidianeidad con transgresiones a formas de pensar tradicionales, impuestos por la sociedad, como lo sexual. En una realidad desesperanzada que duele y lo único que prevalece es el valor monetario, las sombras inevitables de soledad y melancolía nos arrasan, pero a fin de cuentas forman parte de la misma existencia.

Sobre esto, Saúl Díaz Parra reflexiona:

 

Llevo varios días sin ver a una mujer desnuda en mi cama.

Hay muchas cosas que impiden que eso suceda…

Es difícil para mí estos días llevar mujeres a mi cama.

No tengo dinero,

ni automóvil.

Tal vez por eso

odio al mundo de hoy;

el internet no tiene piel

ni huele a su perfume.

 

Saúl sigue en su postura:

 

Por fin vi en televisión

una persona interesante;

lo llamaban Nick West, pero seguramente no era

su nombre real,

porque era un actor porno.

 

Jesús Rito García hace alusión:

 

Y tengo por testículos un par de duraznos

que no florean, amor, que no florean.

 

Desde el fondo de la tierra es un navío donde un cúmulo de entes alumbrados navegan juntos sitiado en todas partes por un mar apacible y desabrido. Buscan frente a ello su visión del mundo, un navegar acompasado con fuerza rítmica y melódica, capaz de convertir frases en paisajes metafóricos.

Jorge Solana describe:

 

Tu sexo umbroso como el rocío

se oculta del embate bélico de la mirada,

se blinda en tu ropa interior que con fervor ansió

develando con límpida forma tu desnudo en mi morada.

 

Juan Pablo Vasconcelos:

 

Sin embargo nada más te miré de lejos,

como estando yo en otro país, desde la esquina;

 tú sorteabas la frontera entre caricia y peligro,

yo no te lo reprocho;

también tus ojos cerrados, tus ojos se aproximan

a los míos.

 

Alfonso Carvallo apunta:

 

Hermoso bardo de esculpida rima

que prescindes del tráfico de ahora,

di: entre autos, bulevares y cantinas,

¿por qué no apuestan por ti en las rocolas?

 

Anúnciense tus versos como tinas

de cerveza, rompope o Coca-Cola,

pa luego en los estéreos o bocinas

se avienten con tus rimas una rola.

 

Estos jóvenes nos retroalimentan y van erigiendo un universo propio con la palabra, que a su vez deleita y nos confronta con la reflexión. Su atrevimiento lleva ineludible a una comunión entrañable en nuestro interior donde nos encontramos con evocaciones que resignifican el sentido de nuestra vida.

Iván de León Santiago evoca:

 

Con el lenguaje justo

las manos de mi padre levantaron los muros,

tallaron la madera de la puerta,

dieron claridad a las ventanas.

La casa hecha del polvo de la infancia,

fincada entre gallinas.

Un nudo al que volvemos en los días de lluvia

para encontrar el fuego y el pan de la memoria.

…en el solar aquel

—pienso en mi padre, sus manos laboriosas—

No queda sino el viento anunciando las horas,

con el lenguaje justo

del que calla.

 

Enna Osorio:

 

Después de las burlas e impaciencia,

tras tu caminar borracho por enfermo,

de tus últimos sueños de familia,

del bastón, medicinas,

andadera, silla de ruedas,

la cama desolada

y las traiciones,

eres el bebé sabio de esta era de hielo,

mi madre la gansa

a la que vuelo porque conoce algo que yo no,

y es imprescindible saberlo.

 

Los textos de los poetas jóvenes de Oaxaca nos transfiguran en seres melancólicos al leer y sentir la poesía. Sus líneas suscitan de pronto escondrijos de la memoria, oscuros silencios que en ocasiones nos hacen entretejer tribulaciones. La poesía es inevitable oquedad de misterios.

Oscar Cid de León entreteje:

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