Los poemas de la poesía, t. III, K-R

Los_poemas_de_la_4fb40e8065467.jpgLos_poemas_de_la_4fb40e8065467.jpg

Los poemas de la poesía, Carlos López, t. III, K-R, 2012, 282 p., ISBN 978-970-682-321-2, $280.00
$280.00


Preloader

Viñeta

 

 

Maite Villalobos

 

La poesía es al poeta como el juguete al niño y como el hechizo al brujo. La palabra es el tótem. El primer verso es el inicio de la existencia del ser y la última palabra del poema, su muerte. En este tercer tomo de Los poemas de la poesía, Carlos López compila microcosmos ora como grafiti, ora como grito, soneto, glosario, apología, ars poética o conjuro, en donde es visible la continua presunción de que el poeta llamado a describir, acariciar, definir, reflexionar o teorizar sobre la poesía hace inevitablemente poesía. La poesía, como la amante que sospecha de cada silencio, que irrumpe la madrugada con sus incesantes epítetos, es la que nos fotografían poetas crecidos en contextos, escenarios históricos y marcos temporales únicos. Los autores reunidos en este volumen parecen abrir al lector un canal a sus espacios secretos, a su escritorio, sus bocetos de palabras, los humores de la creación, el momento justo en el que la ruptura existencial se presenta en la tinta. Al avanzar en la bienaventurada compilación, los poetas se despliegan en un juego de espejos en el que no sólo miramos a la voz poética sino a las multitudes que resuenan a través de ella. La selección de los textos es redonda en su totalidad y en su parcialidad, de modo que en cada texto la poesía se completa. Las delicadezas ontológicas que separan al poeta del poema, de la poesía, de la rima, del renglón o de la estrofa invitan al lector a la casa de las palabras en el sentido más heideggeriano. En las paradojas de la comprensión recuerdo que la poesía como tragedia tiene su origen en el tragos como el último gemido del macho cabrío al ser sacrificado para Dionisio; y he aquí esa misma poesía, en donde cada texto arde en la frontera entre la cordura y la locura; lo profano y lo sacro; el eros y el tánatos. En las paradojas de la comprensión, así como Agustín de Hipona aseguraba saber lo que era el tiempo siempre que no se lo preguntaran, al navegar por las aguas de este libro, en vez de saber con certeza y definición lo que la poesía es, el lector sólo sabrá que la poesía es inasible, y que el placer que produce consiste en el arrojo de imágenes etéreas con propiedades alquímicas capaces de sanar una tarde seca.

 


Todavía no hay reseñas para este libro.