Los poemas de la poesía, t. I, A-C

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Carlos López - Los poemas de la poesía, t. I, A-C
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Viñeta

Gloria Vergara

cuarta de forros de Los poemas de la poesía, t.I

Los poemas de la poesía es una alforja que estalla, un abrevadero en donde el lector insaciable encontrará diversos tonos, tiempos, ritmos que se fueron recogiendo como semillas. El deseo, los miedos, la esperanza, todo se revela en esta doble alquimia, pues el antologador, Carlos López, deja en el prisma de su lectura la visión de la palabra trastocada, vuelta al origen, en un proceso de combustión de la verdad. A su eco llegan los poetas sin más reverencia que el canto, porque su canto son ellos mismos: Anna Ajmátova, Humberto Ak’abal, Ayocuan, Rubén Bonifaz Nuño, Jorge Luis Borges, Constantino Cavafis, João Cabral de Melo Neto, sor Juana Inés de la Cruz. Estas voces marcan el entramado de muchas más que se levantan en el espacio del poema para preguntarse por la tarea poética, por la esencia de la poesía. Por ello, más que respuestas, el lector encontrará a ciento las preguntas en este juego de espejos.
 


Viñeta

Pedro Zamora Briseño

Proceso, 1314, México, 6 ene, 2002, p. 69

 

Más de 500 poemas en una compilación de Carlos López

Hace siete años, el escritor y editor Carlos López emprendió una tarea que —se muestra convencido ahora— podría ocuparle toda la vida: recopilar los poemas que han escrito en torno al acto de creación poética.
        Y como fruto inicial de su trabajo apareció ya el primer tomo de la obra Los poemas de la poesía —coeditado por la Editorial Praxis, de la cual López es director, y la Universidad Iberoamericana—, donde incluye textos de 114 poetas de diversas generaciones, épocas y países.
        «Uno de los objetivos de este libro ha sido responder, por ambicioso que parezca, muchas de las preguntas acerca de la poesía con el mayor número de voces posibles —con seguridad, faltarán muchas, pues toda empresa humana es inacabable— a través de poemas, no de opiniones o poéticas en prosa; esto, con un afán contrario a la depredadora globalización de estos tiempos», escribió López en el prólogo.
        El primer tomo de Los poemas de la poesía, que incluye autores cuyo primer apellido inicia de la A a la C, fue presentado el 14 de diciembre anterior en las instalaciones del Archivo Histórico del Municipio de Colima.
        Ahí, el escritor Víctor Manuel Cárdenas, director de la revista Tierra Adentro, comentó que esta obra «será fundamental, un libro de cabecera para iniciarnos en el trabajo de la poesía».
        Después de haber realizado Los poemas de la poesía, Carlos López se manifiesta convencido de que «las preguntas sobre la poesía nunca van a tener contestación, porque ésta es inaprensible e indefinible; ninguno de los autores se pone de acuerdo, cada uno la concibe y la practica de distinta manera».
        En el primer tomo de la obra aparecen poetas mexicanos como Luis Miguel Aguilar, Rosario Castellanos, Alejandro Aura, Homero Aridjis, sor Juana Inés de la Cruz, Rubén Bonifaz Nuño, Efraín Bartolomé, Marco Antonio Campos y Francisco Cervantes; el español Gabriel Celaya; el guatemalteco Luis Cardoza y Aragón; el egipcio Constantino Cavafis; la rusa Anna Ajmátova; el japonés Taniguchi Buson; el francés Charles Baudelaire; el nicaragüense Ernesto Cardenal; el argentino Jorge Luis Borges; la uruguaya Selva Casal; el brasileño Augusto de Campos, y portugués Fernando Assis Pacheco, entre otros.
        En entrevista, comenta: «Me gustaría que los lectores que se acerquen al libro, encuentren algo que les sirva, sobre todo porque es una antología que no ha sido egoísta, que tiene la generosidad de ser amplia y es más una muestra que una antología.
        «No ha sido por falta de rigor selectivo —añade—, sino más bien por la idea de la generosidad. Sé que estoy arriesgando mucho, porque igual he incluido un poema de un autor de 20 años, que de uno de 80. No me interesa el escritor consagrado, sino el criterio estético, el valor del trabajo».
        Uno de los comentarios más significativos para Carlos López fue el del escritor Augusto Monterroso, quien me llamó por teléfono sólo para felicitarme, muy emocionado por la publicación de este tomo y opinó que es «una maravilla, un trabajo muy digno».
        Vía fax, el poeta Saúl Ibargoyen manifestó a López: «La riqueza del trabajo están en la diversidad de voces más allá de los tiempos históricos, las culturas, las lenguas y las generaciones», mientras que en un mensaje por correo electrónico el narrador Severino Salazar le dijo: «He estado disfrutando cada poema. Me parece un proyecto bastante erudito, original y hermoso».
        Sin embargo, pese a la recepción que ha tenido este libro, el compilador se enfrenta en estos momentos al difícil reto de publicar los cuatro volúmenes restantes que conforman la obra completa, para los que no ha encontrado coeditor.
        «Lamentablemente, la situación económica hace muy difícil hallar gente e instituciones que tengan recursos para respaldar este tipo de proyectos, pero el trabajo ya está hecho y suceda lo que suceda, a más tardar en mayo tendrá que aparecer el segundo tomo, aunque sea únicamente bajo el sello de Praxis», dice Carlos López, quien se dice dispuesto a invertir el tiempo necesario en la publicación de los demás tomos.
        Originalmente la compilación, de alrededor de 500 poemas —uno por autor—, estaba contemplada para ser editada en cuatro tomos, pero en los últimos meses creció a más de 575, por lo que López decidió programar un volumen más.
        A finales de noviembre, ante estudiantes de la Universidad Iberoamericana, la escritora Mariángeles Comesaña comentó: «Este libro es un acto poético más, un refugio para las horas de adversidad, una mina que resguarda el tesoro de lo que estuvo disperso en cientos de poemarios y que hoy se encuentran en este recipiente».
        A su vez, la escritora Gloria Vergara define  a Los poemas de la poesía como«una alforja que estalla, un abrevadero donde el lector insaciable encontrará diversos tonos, tiempos, ritmos que se fueron recogiendo como semillas», además de que estas voces «marcan el entramado de muchas más que se levantan en el espacio del poema para preguntarse por la tarea poética, por la esencia de la poesía».
        Originario de Guatemala, donde nació en 1954, Carlos López reside desde hace 21 años en el Distrito Federal. Es autor, entre otras obras, del Diccionario biobliográfico de literatos guatemaltecos y de los poemarios Fuego azul y Bellotas de agua.
        Fundada por López hace dos décadas —las cumplió el 20 de octubre pasado—, la Editorial Praxis ha publicado en ese periodo alrededor de 400 títulos de textos literarios, 75% de poesía y de estos últimos, dos terceras partes corresponden a autores de los estados.

 


Viñeta

Anónimo

Magna Terra, 13, Guatemala, ene-feb, 2002, p. 55

Este hermosísimo libro de Carlos López Barrios es una alforja que estalla, un abrevadero donde el lector insaciable encontrará diversos tonos, tiempos, ritmos que se fueron recogiendo como semillas. Gloria Vergara dice de este libro: «Carlos López deja en el prisma de su lectura la visión de la palabra trastocada, vuelta al origen, en un proceso de combustión de la verdad». El libro es fruto de un extenso trabajo realizado por el guatemalteco en la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad Iberoamericana que, en este caso, es coeditora del primer volumen que recoge poemas de Ajmátova, Eugénio de Andrade, Homero Aridjis, Artaud, Baudelaire, Borges, Bonifaz Nuño, Brodsky, Broch, Breton, Margarita Carrera, Haroldo de Campos, Chumacero, Pablo Antonio Cuadra y Juana Inés de la Cruz, entre algunos de muchísimos poetas antologados.

 


Viñeta

Anónimo

Alforja, XXV, México, verano, 2003, p. 148-149 

El poeta y editor guatemalteco radicado en México, Carlos López, hace una muy necesaria e interesante recopilación de diversas voces de poetas declarando lo que para cada uno de ellos es la poesía, en poema y prosa. Esta obra es desde ya un muy importante volumen que todo lector interesado en la poesía debe tener para disfrutarlo en varias lecturas y relecturas. Por cierto, una de las fuentes que Carlos López consultó fue Alforja, núm. IV y V, dedicada a dicho tema, y le agradecemos que nos haya dado los créditos correspondientes, como hace todo buen investigador. ¡Y, estimado Carlos, con entusiasmo esperamos los siguientes tomos!
 


Viñeta

Juan Domingo Argüelles

El Universal, México, 10 feb, 2002, p. 3F

 

Carlos López y Los poemas de la poesía

Carlos López, escritor y editor guatemalteco, publicó recientemente el primero de cinco tomos de una antología a la que puso por título Los poemas de la poesía (México, Editorial Praxis/Universidad Iberoamericana, 2001). Este primer tomo de casi 300 páginas incluye a más de un centenar de poetas de diversas épocas y nacionalidades, distintos tonos y múltiples estéticas.
        Dice López que el propósito de este libro es «responder, por ambicioso que parezca, muchas de las preguntas acerca de la poesía con el mayor número de voces posibles, a través de poemas, no de opiniones o poéticas en prosa». En este primer tomo están lo mismo Vicente Aleixandre que Anna Ajmátova; lo mismo Emilio Ballagas que Manuel Bandeira; lo mismo Baudelaire que Borges; lo mismo Breton que Bukowski; lo mismo Cavafis que Sor Juana Inés de la Cruz.
        Y, entre los mexicanos, en estricto orden alfabético están, por ejemplo, Luis Miguel Aguilar, José Vicente Anaya, Homero Aridjis, Juan José Arreola, Alejandro Aura, Efraín Bartolomé, José Carlos Becerra, Alberto Blanco, Rubén Bonifaz Nuño, Raúl Cáceres Carenzo, Marco Antonio Campos, Rosario Castellanos, Dolores Castro, Francisco Cervantes y Alí Chumacero.
        Es decir, este tomo abarca a autores cuyos apellidos comienzan con las primeras tres letras del alfabeto (incluido el dígrafo ch) y entre los textos seleccionados está, por ejemplo, éste muy rítmico y expresivo de Manuel del Cabral: «Agua tan pura que casi/ no se ve en el vaso de agua./ Del otro lado está el mundo./ De este lado, casi nada.../ Un agua pura, tan limpia/ que da trabajo mirarla». O este otro del venezolano Rafael Cadenas: «Si el poema no nace, pero es real tu vida,/ eres su encarnación./ Habitas/ en su sombra inconquistable./ Te acompaña/ diamante incumplido».
        En Los poemas de la poesía hay de todo y, siendo así, asume su arbitrariedad y subjetividad. Son los poemas que a Carlos López le gustan sobre este tema, y que quiere compartir con otros lectores, lo cual es explícito desde el epígrafe general tomado de San Juan: «Las palabras que tú me diste se las he dado a ellos».

 

Viñeta

Víctor Manuel Cárdenas

presentación del libro en Colima, México, 14 dic, 2001

Los poemas de la poesía es un proyecto muy ambicioso, generoso para nosotros como lectores. Es una delicia desde el inicio, porque el prólogo que escribe Carlos López es realmente una introducción maravillosa a la poética, al trabajo del creador. La selección de los autores es una cosa que debemos reconocer al antologador, porque nos ofrece, nos regala prácticamente, sus mejores lecturas. Ahí nos podemos dar cuenta de que está muy atento a la poesía estadunidense, brasileña, colombiana (que yo agradezco muchísimo, porque a los cinco o seis autores colombianos que vienen en la antología no los conocía y son excelentes). El atractivo de este trabajo es el gusto plasmado en él. Esta obra será fundamental, un libro de cabecera para iniciarnos en el trabajo de la poesía. Es un magnífico libro.

 


Viñeta

Mariángeles Comesaña

texto de presentación del libro en la Universidad Iberoamericana, México, D.F.

Los poemas de la poesía es un regalo, un viaje, una manera de descubrir el mundo, es un silencio que nos llama por nuestro nombre, una locura que se escribe con la ternura del deseo, una canción que nos permite inventar nuestra música.
        Estoy segura que de este enorme esfuerzo tuyo por entregarnos un manjar de dioses habrá muchas disertaciones sesudas y brillantes. Yo no puedo más que decirte que tu libro se me cuela en los huesos como lluvia de transparencias; me lo bebo, entro en sus muros, en su gloria y amparo mis heridas.
        Cómo decirte que no es una sorpresa, cómo explicar que el hallazgo de esta colección de versos sobre la poesía me confirma tu razón, tu sensibilidad, la verdad de ese camino que elegiste desde adolescente, o quizá desde niño, entre los amaneceres de tu Guatemala querida, en el espacio de la lucha por los otros, en la fuerza de salir al desierto de la patada militar que te arrojó a las aguas del río por donde pasaste a México, tu segundo país, y empezaste a recopilar tu inventario de voces, de amigos, y a corazón partido caminaste por las calles de esta ciudad tan despiadada y abriste de tajo, con el machete del papel y la tinta, tu presencia forjada con la filigrana de los libros que has cuidado y publicado en tu Editorial Praxis.
        Cómo decirte que entre las líneas de este prólogo que tiende como manto la reflexión sobre el significado de la poesía, que nos lleva a la certeza de que en la poesía no importa el porqué ni el para qué, de que su utilidad no sirve en el mundo de las servidumbres, donde convocas las voces más entrañables y profundas: Juan Gelman, Wislawa Szymborska, Walt Whitman, Francisco de Assis, Octavio Paz, Cardoza y Aragón, José Gorostiza, Cervantes, entre otros, donde nos llevas a la esencia de la palabra símbolo que se desprende de las lenguas indígenas de Mesoamérica, y escuchamos la dulzura del canto de los tojolabales, de los k’iche’, de los mayas, y repasas con enorme rigor y sin ningún afán de lucimiento las voces de la literatura universal.
        Cómo decirte que entre las líneas de este prólogo te miro nuevamente en tu escritorio, cuidando cada letra, corrigiendo las galeras, las pruebas azules, muy noche, a altas horas de la madrugada, con tus gatos, al ritmo de la timidez y la humildad que te dotaron con su don, entre la música que deposita su encantamiento en el tiempo de tu vida.
        Ahí, siempre dispuesto a dar, generoso y auténtico como un guerrero que no olvida la esencia de por qué está en el mundo, nos permites entrar en el paisaje de tantos siglos que se encuentran, que coinciden, que confirman, como un coro de voces armoniosas, la importancia de la palabra en la vida de los hombres, la poesía como el arma cargada de futuro que Gabriel Celaya nos dio en un instante de su vida y que hoy el mundo, estremecido por el hor

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