Agua del alba

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Agua del alba, Oskar Santoscoy, 2014, 28 p., ISBN 978-607-420-157-4, $80.00
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Viñeta

Este libro es un viaje poético en el que el autor expresa su alquimia interior; se percibe una evolución de la conciencia que se despoja del ego y de sus falsas personalidades para lograr la transmutación de lo banal a lo divino, como la oruga cuando emprende su vuelo en mariposa.

  Ávido siempre por el despertar de la conciencia, recopila algunos poemas escritos en sus procesos de meditación.

 

 


Viñeta

Oskar Santoscoy

Quiero agradecer a cada una de las personas que me apoyaron en el transcurso de esta creación; a Carlos López, por confiar en mi poesía y por abrirme las puertas de la mejor editorial; a mis padres, que siempre están presentes; a Laura Díaz de la Vega, que abrió otros universos en mi escritura; al dr. Alfonso Ruiz Soto, por orientarme en la poesía; a Verito Alejos, por corregir constantemente mi ortografía; a Valeria Mendoza, que le fue dando diseño a mis textos.

Verdaderamente es un honor tener aquí en este íntimo espacio a mi querido poeta Francisco Darmesh, que siempre estuvo pendiente del proceso de edición; a Estrella Asse, por aceptar leer mi libro y brindarnos su divina maestría; a Edna Aponte, por carrerearme para publicar y por bañarnos de sus búdicas palabras; a Carolina Romero, porque gracias a ella estamos aquí reunidos; y a cada uno de ustedes, por aceptar esta cordial invitación.

Quiero compartirles el proceso de esta obra, ya que fue una experiencia hermosa, donde la frustración, la inseguridad iban a trote firme, como la sombra de una flama, cuestionándome constantemente si era lo adecuado, si era correcta la poesía, pero este amor interno más fuerte que la gravedad nunca me deja en paz, es un arco inspirado que me impulsa todo el tiempo a la expresión, a la creación de mundos, quizá ya conocidos, pero ordenados con una sensibilidad muy personal.

Hoy puedo decir que Agua del alba es un libro vivo, que se abre solo y se hojea por tanta vida soplando en canto sus palabras; como notas musicales en el viento, se escucha el caudal de los ríos que buscan el constante latido de mi océano interno, se ven las mágicas raíces arraigadas en su tierra y se ve a las flores bailar con el amor de esta poesía. Afortunadamente, con el transcurso de los años, comprendí que para muchos lo correcto es únicamente lo que ellos crean y que en el arte el valor lo pone la moda y no el amor de cada artista; por esto no abandoné mi infante idea de ser poeta.

Después de 5 años, Agua del alba fue creciendo como un niño prístino que ignora el sentido de la vida y sobre todo la perfección de las materias; con el transcurso de los años, maduró y comprendió que la semilla es la creación de la vida, el impulso de la creatividad infinita del cosmos, pero que en las artes el jardinero le va dando forma y dirección a la inefable expresión de Dios; retrocedió en sus momentos de abandono, quizá por falta de luz y de abono; avanzó con más fuerza cuando los destellos de amor surgían del valor de su existencia; giró en estos años y gira, como las pequeñas galaxias o como la luna llena que esta noche nos acompaña, una noche mágica y no lo digo únicamente porque estemos aquí reunidos o por la presentación de Agua del alba, sino porque también hoy 8 de octubre es para los judíos la séptima y última fiesta solemne del Señor, la fiesta de los Tabernáculos, llamada también la fiesta de las Enramadas, que es la venida del Padre y del Hijo por medio del Espíritu Santo para hacer su morada en la personalidad de los santos. La fiesta de los Tabernáculos era tiempo de dar gracias por el fruto de la cosecha anterior; y no sólo eso, aún más sincronía, hoy es el segundo eclipse de la tétrada de lunas rojas, un eclipse total, el mejor de todos, cuando vemos que la cara de la luna se torna roja como en el ocaso.

En sus pocos pero no carentes años de vida, Agua del alba ha cambiado de nombre como tres veces; primero, el nombre paterno; después, nombre poético; bueno, imaginen, ya tiene hasta nombre Sanniasin; quién sabe qué pase después.

Apenas hoy Agua del alba inicia su vuelo, su peregrinar por la tierra, su vocación de vida y libre albedrío; ya no es un libro mío, ahora es de quien lo toma en sus manos y lo lleva a su íntimo espacio, donde juntos podrán viajar entre el paso de sus hojas y sus mundos internos. Seguramente seguirá creciendo en la particular imaginación de cada lector, como la vida en el espacio sideral.

Cuando me preguntan que si tengo hijos, les contesto que no, que tengo un libro, y que igual que a la madre, al escritor se le olvida comer, saciarse, dormir, meditar, convivir, y todo por amor a su divina creación.

Por último, agradezco a la Editorial Praxis, por haberle quitado al libro lo que le sobraba. Cuando le preguntaron a Miguel Ángel cómo pudo haber hecho el David, contestó: «Yo sólo le quité lo que le sobraba».

Muchas gracias por su divina presencia.

 


Viñeta

Carlos López

Los afanes literarios de Oskar Santoscoy, su continua indagación por encontrar la forma poética, están concentrados en el poemario que después de intensas jornadas de trabajo salió a la luz. Agua del alba es el fruto de una genuina, férrea voluntad por insertarse en los laberintos de la rosa. Sabemos que quien moja su pluma en el tintero del espíritu de la poesía toca las puertas de senderos ignotos y no sale indemne, pero la rosa existe porque hay ramas con espinas que la sostienen.

Oskar Santoscoy observa, reflexiona —una actividad olvidada en nuestros caóticos días—, aprehende, trasciende las metáforas materiales y se echa a volar por el universo. Sus versos persiguen la acción purificadora, catárquica de la poesía más antigua de la humanidad. Quien oficia con la palabra y escribe poesía se comunica con el espíritu universal. Transmite su tremor como chamán, nos hace sentir nuestras sus palabras. Poetiza un espíritu en rebelión, arrobado ante el deslumbramiento de la magnificencia de la creación infinita, manifestada en las cosas más pequeñas, en el vuelo de mariposa, en la nota que afina el universo, en el grano de arena, en el color del agua, en el despertar cotidiano cuando se abre el día en flor.

No es la vana ilusión de hacerse nombrar poeta lo que toca a quien busca la esencia de la poesía, a quien pone en el centro de su vida la búsqueda del hallazgo de los tesoros que se encuentran ocultos en el envés de las palabras. El poeta se adentra en las honduras del ser para cantar las cosas esenciales de la vida. La poesía puede despertar la conciencia de estar, de colocarse en los ejes que rigen el mundo.

 


Viñeta

La apuesta poética de Oskar Santoscoy

Francisco Martínez Negrete

 

Tras leer Agua del alba de Oskar Santoscoy no he podido sino pensar en Baudelaire, el bien llamado padre de la poesía moderna. Claro está, Oskar se encuentra lejos de ser un poeta maldito, pero acaso, ya nobel residente del parnaso mexicano, con tiempo, lecturas y oficio, esté en vías de convertirse en un maldito poeta. En su famoso soneto «Las correspondencias», Baudelaire advierte:

 

La Nature est un temple où de vivants piliers

Laissent parfois sortir de confuses paroles;

L'homme y passe à travers des forêts de symboles

Qui l'observent avec des regards familiers.

 

que en la libre versión de Ignacio Caparrós vendría a ser algo como:

 

La creación es un templo donde vivos pilares

hacen brotar a veces vagas voces oscuras;

por allí pasa el hombre a través de espesuras

de símbolos que lo observan con ojos familiares.

 

Y Santoscoy escucha y escucha bien no tanto a Baudelaire como a la naturaleza misma que viene a ser el personaje principal de sus poemas: «… abandono lo creado por el hombre,/ me reflejo en la espiral de la naturaleza» escribe en su poema «Voy en la aventura de la vida». Y en efecto, los 14 poemas que componen este primer libro están plagados de estrellas, ríos, estelas, viento, fuego, árboles, rosas, y en ninguno de ellos hallamos palabras como esquina, cables, vidrios, Iphones, aviones, tranvías, esmog, ni nada que se parezca al horrendo infierno de metal y plástico que nos circunda. Pareciera como que sus poemas hubieran sido escritos en Holboch o algún otro sitio cuasivirgen de la ya sobrexplotada Riviera Maya. Ello nos hace pensar dos cosas: que Agua del alba no tiene tiempo ni que ver con el tiempo humano sino que es un intento por regresar al instante primordial y primigenio de la creación entera en un ánimo de dialogar con el creador. Y que, como su título indica, Agua del alba es un ejercicio de limpieza perceptiva, de aclarar los sentidos para poder percibir mejor y en las mejores circunstancias el gran poema que es la naturaleza.

Así, sin decirlo abiertamente, Santoscoy pareciera con su propuesta incidir en que nos hemos equivocado de camino. En este sentido, y en más de un sentido, podríamos decir que Oskarito es un poeta new age. Un heraldo del tiempo por venir, en el que la naturaleza, quitándose su delantal cochambroso de empleada exprimida y malpagada, vuelve a tomar su principalísimo papel de madre amorosa, pachamama, impoluto poema de Dios que nos contiene y del que somos parte, y que hemos dejado de percibir por la miopía de nuestros absurdos egos, de creernos dueños y señores de la creación.

Esta pulsión de no estar solo, de continuarse en los elementos y fundirse de algún modo con la totalidad que lo rodea lleva al poeta a escribir: «La madre tierra me reaviva,/ mi corazón se expande/ en la llama colorida de las flores,/ en el suspiro del agua sin palabras». La separación entre sujeto y objeto, hombre y naturaleza, pareciera decirnos Santoscoy, es un engaño, una mera invención del lenguaje. Es por ello que, más allá o acá del ego —«armadura de angustias,/ cadena de condicionamientos»— sus poemas buscan encarnar el continum de una imagen totalizadora que, volviendo a la sinestesia de Baudelaire, transmuta constantemente sus elementos. «Si el horizonte funde el océano con el cielo,/ si las nubes son el agua del desierto/ y las olas son el viento del mar/ que quieren alcanzar el firmamento,/ ¿qué diferencia hay?», plantea el poeta en otro de sus textos, para incidir más adelante: «¿Qué diferencia hay?,/ si soy imagen para el supremo poeta/ y a la vez poeta». Aquí, Santoscoy pareciera confirmar la máxima de Hermes Trimegistos en La tabla esmeralda: «Así como arriba es abajo» y posicionarse en su imagen de poeta, como lo quisiera Huidobro, como «un pequeño dios». Porque es a través del poema, acto libérrimo de creación, que el poeta puede, entonces, descifrar la escritura original del universo anterior a las categorizaciones aristotélicas de lógica y gramática. O, dicho de otra manera, el poema desata un juego de espejos que busca proyectarse al infinito.

Eminentemente visual, la apuesta de Santoscoy busca destacar la fanopea, concepto con el que Ezra Pound definía la danza de las imágenes en el poema. Si bien a veces cierta ambigüedad oscurece el sentido, como en «las islas blancas que vuelan de infinitas formas», para luego aclararlo cuando caemos en cuenta que se refiere a las nubes, en otras acierta con concisa claridad: «Las hojas caen/ como mariposas al río y, /ya peces, /nadan hacia el mar».

Poesía nacida de la contemplación, la de los poemas de Agua del alba se acerca a la sensibilidad de ciertos poetas orientales que influyeran sobre el modernista Tablada y que luego Octavio Paz hiciera asequibles en México. En sus mejores momentos, nos despierta al asombro ante la majestuosa magnificencia del universo que nos rodea. Que la búsqueda personal y poética que Oskar Santoscoy inicia con la publicación de este libro se ahonde y multiplique en muchos más, constituye sin duda nuestro mejor deseo.

 


Viñeta

El náufrago tritón encuentra coordenadas en el agua del alba

 

Edna Aponte

 

Exposiciones y publicaciones:

¿es esto lo importante para ti?

Ganancias o placer: ¿qué es más importante?

Aceptación o rechazo: ¿cómo responder?

Cuando dependas de las alabanzas de los demás,

siempre estarás vacío.

Si el placer depende sólo de las ganancias,

con frecuencia estarás desilusionado.

Cuando estés contento con tu vivir creativo y

contento con la vida que tienes, date

cuenta que nada te falta.

Sabes que perteneces al Universo.

Lao Tse

 

Anoto estas coordenadas tan antiguas, porque con esta voz del Tao el autor de este pequeño libro y yo nos conocimos, mientras yo daba clase en el taller que imparto en el Péndulo. En ese momento alguien se acercó para preguntarme a su vez si alguien podía tomar mi clase. Y vi entonces a un ser doradito de sol y de aura que se acercaba tímidamente: se sentó a un ladito, escuchaba. Esa mañana leí el Tao a mis alumnos y un poema mitológico que vi manifestarse, percibí a un joven tritón náufrago sentado en una silla de esa librería en pleno siglo xxi. Desde entonces, como en un extraño enigma, la vida de este poemario y su autor se encontraron como una coordenada en un mandala común: la poesía y la meditación. Así que referirme a Agua el alba me es extrañamente familiar por algunos motivos: el primero es las mariposas; este símbolo del poemario recuerdo haberlo notado desde la primera vez que me mostró sus mil o 100 poemas místicos, que ahora veo se decantaron en algunos menos pero con la esencia de la imagen, la metáfora y el símbolo que la poesía requiere.

Yo no tuve la coordenada precisa por mi apretado destino para continuar con la trayectoria completa de este efímero vuelo de mariposa; sólo veo el resu

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