Yo hago yoga hoy

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2014, 160 p., ISBN 978-607-420-136-9, $80.00
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Javier Muñoz Nájera es Licenciado en Diseño de la Comunicación Gráfica por la UAM Xochimilco.
Divide su actividad profesional como diseñador editorial, como ilustrador y como diseñador gráfico independiente.
 

Su interés en la literatura lo canaliza siendo miembro del consejo de redacción de la revista literaria El Puro Cuento.
Ha escrito cuartas de forros para E=mc2, de Roberto López Moreno y El dibujo, del muralista Guillermo Ceniceros.

 


 

Javier Muñoz Nájera:

Yo hago yoga hoy

 

Juan Antonio Rosado

 

El palíndromo en la lengua es como el capicúa en los números, pero al descender de la abstracción y ubicarnos en lo concreto de las imágenes el palíndromo resulta un juego mucho más complejo y difícil que el capicúa. Sabemos bien que el signo lingüístico no consiste sólo en la imagen acústica, sino también en la imagen conceptual. Cuando leemos el título del libro de Javier Muñoz Yo hago yoga hoy, podemos pensar que se trata de una oración simple (sujeto y predicado) que denota una acción en un tiempo determinado, pero allí no radica el interés de esta frase descontextualizada, sino en el hecho de que puede leerse de izquierda a derecha o de derecha a izquierda y sigue siendo la misma idea, la misma oración. Se trata de una de las posibilidades lúdicas de la lengua, posibilidad que palindromaniacos como Carlos López, palindromistas como Javier Muñoz o muchos otros explotan sin reparo para exhibir una serie de palabras puestas en una posición intercambiable y además un significado preciso, cosa que no ocurre, por ejemplo, con las jitanjáforas, cuya polisemia se abre hasta casi rozar la música, pero sin llegar a ese nivel de abstracción, ya que la combinación de morfemas produce significantes que de cualquier modo, al estar basados en el sistema fonético-fonológico del español, evocan diversos significados.

El palíndromo puede acceder a la polisemia, pero a veces se acerca a la precisión, como éste: «Mas si osare Adán: nada era. Sois Sam». Es claro el juego con el verso del himno nacional y es clara la interferencia del (¿tío?) Sam cuando Adán (el origen) osa algo que no se expresa, pero se infiere por el contexto histórico. La particularidad de Yo hago yoga hoy es que hallamos palíndromos más extensos de lo común, a veces con connotaciones extralingüísticas: «Oda, Luna. Si a Peña dará polo, rodar bola al Obrador, ¿o lo para? Dañe país anulado». Hay otros aún más largos y complejos, que son como pequeñas historias o diálogos aparentemente inconexos, pero si atendemos a las connotaciones de cada palabra, se vuelven sugerentes.  En el siguiente es claro el juego de palabras entre el participio pasado del verbo dar y el objeto de un juego de azar, ambos asociados a lo menos azaroso por repetitivo (el rito): «O dado tiras, avellana llevas. A rito dado». Este otro evoca el destino, el proyecto concluido y el rito o celebración: «Amo Tarot, el plan acaba. Bacanal: plétora toma». Y eso es lo que tomamos de este breve e intenso libro: exuberancia y fecundidad: plétora.

 

La Cultura en México, suplemento de Siempre, núm. 3206, México, 23 de noviembre, 2014, p. 84

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