La roca coral

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Carlos López - La roca coral
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Viñeta

Juan Domingo Argüelles

El Universal, México, 10 feb, 2002, p. 3-F

 

Carlos López, palindromista

Carlos López (nacido en San Marcos, Guatemala, en 1954) ha publicado un curioso florilegio de palíndromos con el título, obligadamente palindrómico, La roca coral (México, Praxis, 2002).
        Se trata de un librito de agradable diseño, donde no falta el ingenio y el humor y en el cual su autor sigue los pasos de otro palindromista guatemalteco, Otto-Raúl González. El propósito es un rato de esparcimiento con los hallazgos de las palabras y de las frases que significan lo mismo ya sea leídas al derecho o al revés.
        El palíndromo no se inventa; se descubre: se encuentra en el envés de las palabras. Por ello es un juego a la vez infantil y culto. Un arte del ocio y el azar.
        He aquí algunos palíndromos muy afortunados de López: «A la musa, súmala», «Su seje, Jesús», «Romanos son amor», «Sí sé tu tesis», «La ruta natural», «Sorbí libros», «Amarga grama», «Seguro ruges» y «A diario oír Aída».

 


Viñeta

Luis Montes de Oca

Noticias, Querétaro, 28 dic, 2001, p. 7-A

 

La roca coral: búsqueda y hallazgos de Carlos López

Exquisita resulta la lectura del nuevo libro del poeta y editor guatemalteco Carlos López, quien realiza búsquedas y logra importantes hallazgos en la magia del palíndromo o la palindromagia, como algunos califican la suerte y el trabajo de acomodar palabras a fin de formar frases que lo mismo digan de ida que de vuelta, sin referencias sexuales, por supuesto.
        López cultiva los palíndromos desde hace años, juega con las palabras y logra impresionantes piezas, como el título mismo de su bello libro La roca coral o la dedicatoria a su pueblo natal (Pajapita, Guatemala): «A ti, Pajapita».
        Pero en su búsqueda va más allá de la simple coincidencia y por ello el libro será presentado el 20 de febrero de 2002 (20-02, 2002), la fecha capicúa propia para un volumen con estas características.
        Algunos de sus palíndromos suenan comunes, sencillos como «¡Ay, ya!» y otros de exquisito humor y sentencia como: «Arrabal la barra»; «Muro luce as: Saeculorum»; «—A poca copa —Apocopa», o «Aterrable, el bar reta».
        En una plática sostenida hace tiempo con este singular escritor, poeta, académico y editor, comentó a Noticias que ya agobiado por el trabajo, durante las madrugadas las letras jugaban con él, lo distraían y sacaban de concentración, y que fue así que decidió apuntar estos juegos para algún día trabajar en ellos.
        Ese día llegó y La roca coral fue editado en los talleres de Editorial Praxis, con tipos de la familia Tahoma de 12, 14 y 36 puntos, y sobre papel couché de 90 kg.
        La edición estuvo a cargo de la también poeta María Cruz, y del mismo autor, quien dice que ella también inspira imágenes palindromáticas.
        Esta nueva aportación de López a la literatura latinoamericana se suma a una ya vasta obra en que el autor además de su poesía publicó también un importante Diccionario biobibliográfico de escritores guatemaltecos y Los poemas de la poesía, donde se destaca como excelente investigador.

 

Viñeta

   José Luis Perdomo Orellana

Magna Terra, 15, Guatemala, may-jun, 2002, p. 60 

 

Capicúa literaria

Entre los recuerdos más acariciados por Enrique Vila-Matas figura un almuerzo en Barcelona con Augusto Monterroso, Bárbara Jacobs y otros. A manera de postre adicional, Tito propuso que en cinco minutos inventaran un palíndromo. Por supuesto, y como es natural, la prueba sólo fue superada por Monterroso, que en una servilleta escribió (sin ningún afán alburero, ¿o sí?): «Acá sólo Tito lo saca». Es una lástima que Carlos Humberto López Barrios —nuestro único editor todoterreno desplegado en el extranjero— no haya estado ahí, pues en menos de un minuto le hubiera recetado unos cuantos de su propia cosecha (sin necesidad de servilleta): «Dios, oíD» / «Negá mi imageN» / «Sí sé tu tesiS» / «O tú, putO» / «Átomo o motA» / «Eso lo sÉ» / «A la malA» / «¿Oral? ¡ClarO!» / «A la musa, súmalA» / «Osar te retrasÓ» / «Ateo poetA» / «Oso ido: no mame, mamón odiosO» / «Sé mam o no mameS» / «Ay, yA»... y otras agudezas que hoy el legendario Beto ha reunido en una prodigiosa edición. El libro —dedicado «A Paulina y Fryda Casas-Lias», quienes seguramente aún no se reponen del gusto— estuvo al cuidado de María Cruz (la mejor poeta mexicana de su generación). De las ilustraciones se encargó Platas Olvera. En la otra dedicatoria, fiel a sus orígenes, el indómito Beto aprovechó para incluir otro palíndromo que reza: «A ti, PajapitA». ¡Gracias, Beto, y muchos más libros como éste!

 


Viñeta

César Rito Salinas

«Majada/Reseña Literaria», Noticias, Oaxaca, México, 15 feb, 2002, p. 5-C

 

A ti, Pajapita: palíndromos de La roca coral

Dice el Diccionario de la lengua española (Real Academia Española), en su edición XXII del año 2001:«Palíndromo: Palabra o frase que se lee igual de izquierda a derecha, que de derecha a izquierda; p. ej., anilina, o dábale arroz a la zorra el abad».
       Carlos López nació en Pajapita, San Marcos, Guatemala, el 24 de febrero de 1954. Envía a estas tierras montealbanas un pequeño libro de palíndromos, editado por Editorial Praxis, 2002, que lleva una singular dedicatoria que inmediatamente nos pone en ruta: «A TI, PAJAPITA». El título de la obra es La roca coral.
        Para contento de nuestros palindromistas, que los hay y de muy buen nivel, transcribiré algunos de los esfuerzos de Carlos López:
       «Naves se van», «A la musa súmala», «La nota tonal», «Amada la dama», «Azar a la raza», «...Al leer ETA allá a Tere, ella...», «Oso, roló la mal, oloroso», «Senos o sones», «¿Mota, Tom?», «A ti, pos sopita», «A remar a tu puta ramera»,«1001 = 1 + 999 + 1 = 1001», «A él le supo a opus: él lea», «Noto giboso oso bigotón», «O tú, puto», «Oso baboso», «Oso ido: no mame mamón odioso», «Alocada cola», «Ateo poeta».
        Bien. Por esta tarde, hasta aquí los palíndromos. Carlos López nos entregó por esta ocasión una muestra de su quehacer. Bien. Por el momento es necesario detenerse, la negra que nos prepara el café nos llama. No para entregarnos el pocillo con su brebaje, sino para que carguemos el cilindro de gas que está en la calle. Hasta estas alturas. Bien, no por el cilindro de gas o las alturas. Bien por Carlos. «¡Ay, ya!».

 

 

 

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