La falsa esposa

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La falsa esposa, Maritza Macín, 2014, 232 p., ISBN 978-607-420-158-1, $200.00
$200.00


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Maritza Macín (México, DF, 1957) estudió en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Militó en el Partido Comunista Mexicano y en el Partido Socialista Unificado de México entre 1979 y 1987.  Participó en organismos gubernamentales y no gubernamentales de defensa y promoción de los derechos humanos y en el movimiento ecuménico de América Latina por la paz. Trabajó en las áreas de comunicación social en el Gobierno del Distrito Federal entre 1998 y 2009. Cursó la licenciatura en teología; en la actualidad, es profesora en la Comunidad Teológica de México.

 


 

 

En esta novela se relata la militancia comunista de tres mujeres de la primera mitad del siglo xx: Sylvia Ageloff, neoyorquina trotskista; Natalia Sedova, de Ucrania, bolchevique; y Caridad Mercader, de Catalunya, miliciana republicana y agente de los servicios secretos soviéticos. Las tres se encuentran en la ciudad de México en 1940 cuando ocurre el asesinato del líder bolchevique León Trotsky, refugiado en México.

Sylvia, Natalia y Caridad cuentan sus intimidades, sus amores y desamores; su preocupación por un mundo en guerra, su militancia en la izquierda y su esperanza en una nueva sociedad. 

Las tres viven personalmente la tragedia del 20 de agosto de 1940, día del asesinato de Trotsky. Natalia, su esposa y compañera de lucha, recibe en sus brazos el cuerpo herido de su amado recién atacado por el canadiense Frank Jackson; Caridad espera a su hijo Ramón Mercader, miliciano catalán, en las cercanías de Coyoacán; y Sylvia aguarda en su habitación del elegante hotel Montejo el regreso de su esposo, el periodista belga Jacques Mornard, para viajar juntos a Nueva York con la expectativa de una larga vida de felicidad conyugal.

 
 
 

 


 

La falsa esposa, de Maritza Macín

Carlos López

 

Maritza Macín creó una novela polifónica de un ritmo vertiginoso, en donde una línea delgada separa la ficción de la historia real. El asesinato de León Trotsky, el 20 de agosto de 1940, en su casa de Coyoacán de la ciudad de México, es contado con una bien lograda economía de recursos y una técnica impecable desde la óptica femenina.

Maritza Macín, comunista hija de comunista, narra la historia de tres mujeres (Sylvia Ageloff, trotskista neoyorquina; Natalia Sedova, bolchevique ucraniana; y Caridad Mercader, miliciana republicana catalana y agente soviética) que desnudan su alma en medio de la convulsión mundial de la guerra, «de los tiempos sombríos», como dice Bertolt Brecht en el epígrafe que abre el libro, y que anteponen su militancia revolucionaria a cualquier cosa. Natalia, segunda esposa de Trotsky y compañera de lucha, recibe el cadáver de éste en el clímax de La falsa esposa (Premio Bellas Artes Juan Rulfo 2011) y es el personaje más fuerte, aunque Sylvia y lo que representa es lo que da nombre a la novela. Una muestra de cómo delinea Maritza sus personajes se puede ver en la siguiente descripción de Caridad: «Soy practicante de la “acción directa”, adoradora del atentado y feligrés de la bomba. A mis casi setenta años tengo una voluntad férrea y a toda prueba, no me ha dado tiempo para lloriqueos. En la lucha por destruir el capitalismo no hay tregua, no hay tiempo para lamentos, hay que tener fuerza para sobreponer la causa del proletariado internacional al dolor personal».

La autora divide en cuatro tiempos (Tres mujeres, tres vidas, tres militancias; El amor íntimamente deseado; Traición; Entre el delirio y la cordura) la estructura formal de su novela. La composición tipográfica del libro, sobre todo el uso de itálicas y comillas, marca tiempos, distancias, voces, y junto con la irrupción de voces femeninas marcan el ritmo de la novela, que está narrada en primera persona —excepto en dos capítulos—, una dificultad  para cualquier escritor. Es tan terso el relato de Maritza que en ningún momento se oye su voz, sólo la de los personajes; el lector intuye la tensión, los silencios, los meandros por los que transcurre la historia.

Otra cualidad de la obra de Maritza Macín es la fluidez verbal, el lenguaje directo, la austeridad en el uso de adjetivos, el fraseo breve basado en oraciones coordinadas, la claridad que da contundencia, la verosimilitud (que como sabemos, no es sinónimo de verdad, sino el artificio que el verdadero artista logra con oficio, conocimiento, luz, para hacernos creíble la historia). A propósito del conocimiento (Milan Kundera escribió en El arte de la novela que ésta es conocimiento), Rubén Fonseca cuenta que para escribir un cuento de tres cuartillas tuvo que leer veinte libros de historia y hacer un viaje a Paraguay, pues los hechos sucedían en ese país del cono sur.

Para escribir La falsa esposa, la autora se documentó y luego decidió la forma de su discurso; para fortuna de las letras, le ganó el impulso, los personajes cobraron vida en el género más habitable, la novela. Al hacerla, Maritza le dio un vuelco a la saga de libros escritos sobre León Trotsky. Con su mirada irrepetible, hizo la primera novela escrita por una mujer donde las mujeres son las protagonistas, a pesar de que el tema central es el asesinato de un hombre.

La novela histórica en México ha tenido connotados representantes; el más visible es Martín Luis Guzmán y Nellie Campobello, la autora de Cartucho (a quien tanto deben los escritores mexicanos, con Juan Rulfo a la cabeza) es la única mujer de altos vuelos dentro de la novela de la Revolución.

Maritza Macín entra por derecho propio en la historia literaria con este relato cautivante.

 

 

 

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