El Avispero

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El Avispero, Abel Santiago, 2010, 176 p., ISBN 978-607-420-038-6, $170.00
$170.00


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Viñeta

Esta novela tiene como escenario la ciudad de México, de finales de la dictadura porfirista al 2 de octubre de 1968; en ella se relata la vida de varias generaciones que habitaron una gigantesca vecindad de La Lagunilla. Los protagonistas son obreros, lumpenproletarios y amas de casa que para contribuir a los gastos familiares dan comida y hospedaje a jóvenes provincianos que llegan a la urbe a continuar sus estudios y aprenden, enseñan y se identifican con el sector más marginado de la metrópoli. De aquí parte el argumento de la novela, que comprende la situación vivida durante la dictadura formal y la institucional; de los que están conscientes de este sistema y de los que nada tienen que ver con las formas de gobierno: la vida vegetativa, la lucha por la subsistencia, pero con la motivación que dan los placeres y sufrimientos para enfrentarse a la realidad.

Entre la picardía, el erotismo, los albures, las frases y refranes populares, la promiscuidad, las supersticiones, los fanatismos, las creencias, la ignorancia y el ingenio, los juegos estudiantiles y los golpes de la oficialidad van creando nociones de derechos y obligaciones, de lo que es y representa la clase trabajadora y el sindicalismo, el abuso del poder y de la fuerza pública para someter rebeliones, al grado de que la numerosa familia de El Avispero llega a unirse con los ideales estudiantiles, que se olvidan al concluir esta etapa juvenil.
 


Viñeta

Abel Santiago

Escribo por necesidad y por necedad. Necesidad de manifestarme, necedad de insistir a pesar de todo. Nada me es indiferente, aun cuando todo me sea ajeno. Siento que mis palabras, mi aliento y emociones faltan, pero estoy consciente de que nada significan en el proceloso mar que navegamos. Medio siglo de persistencia no me ha convencido del retiro. Al contrario, ha fortalecido mi voluntad de continuar en la misma nave, que en recompensa me ha transportado el abrigo suficiente para el invierno que se aproxima.

El escritor, como todos los artistas, busca dar sentido a la vida, procurando que ningún elemento enturbie su propósito, que ninguna expresión extinga el perfume de su arte. El valor estético, plasmado en metáforas y símbolos, transforma la realidad en fantasía buscando la universalidad, porque esa realidad es testimonio histórico de la época en que vive, aunque no sea ese el motivo que lo impulse. Sin belleza, ninguna obra llega al arte. Sólo con los pies en la tierra y los ojos en el cielo la imaginación logra fusionar la realidad con la fantasía.
 

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