Atlas municipal del estado de Morelos

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Rocío Rueda Hurtado, coord. - Atlas municipal del estado de Morelos
$750.00


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Viñeta

 

El Atlas municipal del estado de Morelos se conforma por tres unidades temáticas. La primera parte incluye mapas históricos en diversas escalas a partir del siglo xviii, que reflejan los cambios territoriales que han tenido lugar en la conformación de la división política del actual estado de Morelos; además, señala los hechos más sobresalientes de la historia de la entidad. Cada capítulo que integra esta parte constituye una lectura amena y útil. La segunda ofrece mapas temáticos que contribuyen a profundizar en el conocimiento, en los cuales el mapa base, que en todos los casos fue el topográfico, sirvió como fondo de referencia sobre el cual se dibujaron símbolos cualitativos o cuantitativos, a fin de representar el contenido de la información que se presenta en la ficha correspondiente; también, incluye cuadros y gráficas, que reúnen un variado acervo de datos, lo que permite visualizar en su conjunto aspectos generales de la entidad y construir, con información actualizada, los componentes abióticos, humanos, económicos y culturales. Por lo señalado, la obra tiene una diversidad de mapas, que es la característica principal de la cartografía temática. La tercera parte incluye el tratamiento monográfico de los 33 municipios de Morelos, mediante la exposición sintética de los factores físicos, sociales y económicos más relevantes, contenido que trasciende el típico de la clásica obra de consulta especializada, de tal forma que esta sección resulta de interés para especialistas y personas interesadas en obtener información cuantificada de cada municipio. Al final del Atlas municipal del estado de Morelos, se presenta una lista y un índice de localidades de la entidad con su ubicación municipal y coordenadas geográficas.
        El Atlas municipal del estado de Morelos es un documento preciso por la información que presenta; se apoya en mapas históricos, en imágenes que generan los sistemas de información geográfica y en excelentes fotografías.

 
Viñeta

Presentación
 

René Santoveña Arredondo

El Atlas municipal del estado de Morelos es una obra que forma parte del proyecto Mejora de la Calidad Académica del Profesorado del Programa Integral de Fortalecimiento Institucional (PIFI, 2003-18-04), que aprobó la Subsecretaría de Educación Superior e Investigación Científica de la Secretaría de Educación Pública.
        Esta publicación es fruto del trabajo de un grupo de 27 académicos e investigadores de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, que pertenecen a las dependencias de educación superior de las áreas de educación y humanidades, derecho y ciencias sociales y ciencias naturales. Dichos académicos e investigadores exponen los resultados de varios años de estudio.
        El diseño e innovación de las políticas que en éste y otros ámbitos requiere el estado de Morelos dependen, entre otros factores, de la calidad de la información cartográfica-temática que atesora. En este sentido, esta obra científico-divulgativa constituye una herramienta inédita, que contiene información territorial multitemática y multiescalar, confiable, actualizada y sistematizada sobre la entidad desde el siglo XVIII hasta el presente; asimismo, ofrece una panorámica general de cada uno de sus 33 municipios.
        Este trabajo se sometió a escrutinio ante el Comité de Arbitraje Internacional Geotech, que se forma con más de 50 doctores en ciencias geográficas, medioambientales y sociales, avalado por un desempeño académico y editorial en obras cartográficas complejas, con más de 40 años de experiencia.


 
Viñeta

Prólogo
 

Carlos López

Sistematizar, exponer, acercar —mediante la datación, el inventario, la taxonomía, la catalogación, la cartografía— y contribuir con ello en las tareas de investigación, conocimiento y difusión de la riqueza material y espiritual de los 33 municipios que integran uno de los estados clave de la geografía mexicana es el principio rector de este trabajo.
        Los tres ejes temáticos en que se divide el Atlas municipal del estado de Morelos son sólo una guía para el lector, una delimitación formal de las múltiples opciones que ofrece una recopilación multidisciplinaria como ésta. El libro, por lo tanto, acepta varias lecturas —desde la académica hasta la informativa— y es fuente de conocimiento. Además, los autores no se quedan sólo en la consignación de datos sino que interpretan y acompañan con material gráfico sus artículos.
        Esta investigación, necesaria, fundamental desde cualquier punto de vista, es pionera en el estado de Morelos. Sus autores tienen el mérito de haber obtenido datos de fuentes directas, por medio de trabajo de campo, reforzado con un aparato crítico, parte de él también fruto de publicaciones propias o de estudios en proceso. El único antecedente de este libro en la entidad es el Atlas de Morelos. Este solo hecho justificaría la pertinencia de su publicación, si fuera necesario, pero la magnitud de la empresa se sustenta sola.
        Realizar un trabajo como el que aquí se presenta implicó sortear una serie de retos, que sólo mediante la coordinación atinada y eficiente de Rocío Rueda Hurtado pudo concretarse. La dedicación de esta investigadora y del equipo que la acompaña —de sólido y paciente desempeño de muchos años— se refleja en la calidad de los textos y en el nivel de análisis, que con criterios diversos y distintas metodologías, logró fraguar en un libro unitario, que suma a lo anterior una preocupación por la presentación estética. Los 27 investigadores que participaron en la elaboración del Atlas, además de su reconocido prestigio y profesionalismo, con obras como la presente, reafirman su espíritu humanista y su pasión por la ciencia.
        El Atlas municipal del estado de Morelos es una obra histórica por la memoria que resguarda y los datos que pone a disposición de investigadores, estudiosos, estudiantes, así como la bibliohemerografía que contiene, que es un referente para quienes quieran desentrañar los datos duros del estado de Morelos.
        Una obra como la que hoy se presenta tiene méritos adicionales: procura el fomento a la investigación, el desarrollo de metodologías, la sistematización de acervos, el interés que suscita en los jóvenes y la motivación a continuar en estos estudios; el amor que se genera mediante el conocimiento provoca sentimientos de conservación, cuidado y protección del medio, además de querer atrapar una materia tan fugitiva y cambiante como es la realidad.
        Cuando en el siglo VIII a.C. el poeta griego Hesíodo escribe sobre el legendario Jardín de las Hespérides. Comenzaba su historia con Atlas. Atlas era un gigante, hijo del Titán Japeto. Los titanes fueron vencidos por Zeus, rey de los dioses, que los arrojó al Tártaro —el infierno—. Atlas había participado en la lucha junto a su padre, y según unos, Zeus lo condenó a sostener la bóveda celeste sobre sus hombros. Según otros, Perseo le enseñó la cabeza de la Medusa y lo convirtió en una alta montaña que sostuviera el cielo. Sea lo que fuere, Atlas debía sostener el cielo más allá de las Columnas de Hércules —el estrecho de Gibraltar—. Atlas tuvo tres hijas, las Hespérides: Egle, Eritia y Aretusa. Las tres vivían en la tierra más occidental del mundo, unas islas maravillosas en el Océano Atlántico, un paraíso terrenal donde el clima era benigno y donde los árboles producían manzanas de oro. La diosa Gea (la Madre Tierra) había hecho brotar esas manzanas como regalo de bodas para los reyes de los dioses, Zeus y Hera. Las Hespérides cultivaban el Jardín, pero éste era custodiado por Ladon, un fiero dragón que arrojaba fuego por sus cien cabezas. Hércules, también llamado Heracles, el héroe más grande de la antigüedad, recibió la misión de realizar doce tareas consideradas muy difíciles o imposibles, los «Doce trabajos de Hércules». El trabajo número once consistió en robar las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides. Hércules encontró a Atlas sosteniendo el cielo al borde del Océano, en las montañas que hoy llamamos el Atlas (Marruecos). Puesto que el dragón del Jardín de las Hespérides conocía a Atlas, Hércules lo convenció para quedarse él en su lugar sosteniendo el cielo, mientras el gigante iba a las islas y robaba las manzanas. Atlas fue al Jardín, en el que pudo entrar ya que el dragón lo reconoció; mató al monstruo, robó las manzanas de oro, y regresó donde estaba Hércules. Atlas, cansado de sostener el cielo, pretendió dejar a Hércules en esa posición, pero el héroe logró engañarle, pasarle la carga de nuevo, y huir con las manzanas.
        Esta historia que hoy muchos consideran leyenda (en el sentido de cuento, de ficción) generó infinidad de libros (algunos, obras de arte) llamados Atlas. El inmortal Borges llamó a uno de sus libros más queridos Atlas. Si se me permite el neologismo, los atlistas contemporáneos deben tener algún vaso comunicante en las raíces más profundas de la civilización y, así, deben rendir homenaje al sostenedor de la bóveda celeste. Yo, que tengo afanes distintos a los seguidores de Atlas, quisiera que éste fuera mi grano de arena, o de viento, sobre su espalda, uno nada más, para que no le pese demasiado su carga.
 

 
 

 

 

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