Atlas de Morelos

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Rocío Rueda Hurtado, coordinadora - Atlas de Morelos
$480.00


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Viñeta

 

Presentación del Atlas de Morelos
 

Carlos López

I

El estado de Morelos ha sido fuente de inspiración de poetas, artistas, científicos. Fue cuna y grito del movimiento político más importante del siglo XX del país, la Revolución Mexicana. A tal grado ha cautivado esta tierra a los hombres y mujeres que la conocen que, tres años antes de que el congreso de la República erigiera en entidad federativa lo que por ese entonces era el tercer distrito militar del Estado de México, en enero de 1866, Maximiliano de Habsburgo estableció su residencia imperial en Cuernavaca, como lo hicieron todos los expresidentes de México desde Plutarco Elías Calles. Morelos —la ONU del mundo, la Babel de las razas— también fue el hogar de Malcolm Lowry, Alfonso Reyes, Rufino Tamayo, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Sofía Bassi, Luis Buñuel, María Félix, Merle Oberon, Dick Powell, June Alison, Ricardo Garibay, Elena Garro, Gutierre Tibón, Alexander von Humboldt, entre otros.
        El 17 de abril de 1869, el congreso de los Estados Unidos Mexicanos declaró estado de la República a Morelos. Para lograrlo, quienes lucharon para este fin tuvieron que sortear una serie de avatares para conformar una entidad independiente. Sus hombres y mujeres, practicantes de la libertad, guardianes de tesoros culturales, afanosos amantes de la ciencia y la verdad, son los creadores de grandes horizontes desde tiempos inmemoriales. Este libro que hoy se publica es producto, cosecha de ese bagaje cultural que se ha ido acumulando a través de los siglos. El alma del texto —más que la geografía y la naturaleza pródiga, paradisiaca, o el simple inventario de datos— es el espíritu que mueve las relaciones entre todos los elementos físicos y materiales con el hombre y su entorno.

 

II

El Atlas de Morelos es simiente, piedra fundacional. El carácter que cada uno de los participantes, de manera libre, le ha impreso a cada uno de sus trabajos, así como el rigor metodológico y propositivo, es la mejor forma de llevar a la práctica el espíritu universal, es decir, universitario, que anima la aprehensión del conocimiento y su magisterio. La interdisciplinariedad converge en el camino de la búsqueda del saber: ésta es la casa de la historia, geografía, arquitectura, ingeniería, biología, ciencia, literatura, arte. Así, quienes desde su campo de conocimiento han contribuido a llevar a cabo esta tarea, lo han hecho sin más interés que contribuir a descifrar la compleja realidad, su inextricable circunstancia, como un acto de entrega, de consciente realización teleológica y axiológica.

 

III

Las toponimias del estado de Morelos pretenden ubicar conceptualmente al lector del atlas y ofrecen una visión en conjunto, mediante jeroglíficos e interpretación etimológica, lo que la tradición y simbiosis hombre-naturaleza han perpetuado a través de los siglos al nombrar a sus lugares, a veces, de manera poética.
        En el análisis que hace Heladio Rafael Gutiérrez Yáñez sobre las pinturas del siglo XVI se descubre que los códices tenían una utilidad práctica, militar sobre todo, y buena parte de la historia de los pueblos quedó reflejada en dibujos hechos por los artistas de la época. Los mapas formaban parte de las pinturas y tenían valor de títulos de propiedad entre los mesoamericanos. De esto dejaron testimonio Hernán Cortés, Bernal Díaz del Castillo, Pedro Mártir de Anglería, Hernando de Alba Ixtlixóchitl, Alonso de Zorita y Juan de Torquemada, entre otros.
        El trabajo de María Celia Fontana Calvo, en el mismo siglo, aborda los conventos novohispanos. En él hace un recuento de las características que han definido un estilo arquitectónico conventual que se propagó a otras regiones del país. La declaratoria, en 1994, de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) de patrimonio de la humanidad a ocho conventos del estado de Morelos (Cuernavaca, Tepoztlán, Atlatlahuacan, Yecapixtla, Ocuituco, Zacualpan, Tetela y Hueyapan) es un reconocimiento a la singular representatividad de la arquitectura mexicana.
        Del siglo XVII, Marcelo Ramírez Ruiz analiza los mapas, códices y lienzos —llamados «pinturas» por los colonizadores castellanos— y su paso de símbolo, de emblema, de expresión de pertenencia a un lugar, de documento de identidad grupal a instrumentos de litigio, convirtiéndose en uno de los mayores tesoros de una comunidad para reclamar su legítima propiedad de las tierras. Estos «títulos primordiales», estas «pinturas» que guardaron los legítimos propietarios de la tierra, que les fue arrebatada por gente de afuera y de adentro, fue su mejor defensa contra la expropiación, la expoliación y la ocupación real o pretendida de parte de la invasión.
        Por su parte, Ernest Sánchez Santiró estudia, del siglo XVIII, la consolidación del espacio productivo y la estructuración político-administrativa y las interrelaciones que han tenido lugar para mantener los factores de la economía, desde las relaciones sociales de producción hasta la distribución poblacional, de acuerdo con las variantes organizativas básicas y la geografía de las unidades productivas, así como el medio ambiente.
        Ma. del Rosío García Rodríguez hace la introspección de los bocetos del paraíso morelense, durante el siglo XIX, a partir de las «luces de la modernidad del sistema colonial», empezando por el deslumbramiento de los granos de azúcar hacia el firmamento de la explotación, pasando por el acallamiento de las voces indígenas, mediante la marginación, y la alianza de la oligarquía terrateniente con la industrial (incipiente, pero real) hasta llegar al grito rebelde que parió al siglo XX.
        Más cercana a los tiempos modernos, del siglo XX Rocío Rueda Hurtado analiza el reparto agrario en Morelos. Las formas de tenencia de la tierra, la concentración de la riqueza, la desigualdad social, la inequitativa distribución de los bienes, la injusticia que originó la Revolución mexicana, entre otros, son los temas que aborda, al mismo tiempo que presenta una radiografía de los momentos clave para el reparto agrario en México y un inventario de comunidades, ejidos, haciendas, fraccionamientos, propiedades privadas, y cartografía detallada de los mismos.
        Salvador Aguilar Benítez hace una descripción completa de las cartas del medio físico, biológico y humano de Morelos. El espectro que abarca su estudio es lo más cercano a la holística: límites espaciales, litología, fisiografía, geomorfología, regiones físicas, temperaturas, precipitaciones pluviales, climatología, índice de comodidad, pendientes, hidrología superficial y subterránea, permeabilidad, edafología, erosión del suelo, distribución poblacional, bosques y recursos maderables, altimetría, uso de suelo y vegetación.
        Sobre la importancia y evolución de los caminos versa el trabajo de Roberto Martínez Cantú. Los planos carreteros que presenta, desde 1910 hasta el 2000, nos muestran una faceta del desarrollo material de la entidad a partir de la consolidación de la red de caminos, sobre todo en las actividades productivas, comerciales, de servicios, comunicaciones y turísticas, aparte de ser un factor de modernidad. El estado de Morelos supera con creces a la media nacional (150 m2) en cuanto a densidad carreteril y se coloca a altura de los países desarrollados en relación con el kilometraje lineal de caminos que posee: 400 por m2.
        Finaliza el Atlas de Morelos con el enfoque que hacen Gabriel Sergio López Marzana, José Ramón Sordo, Alfonso Valenzuela Aguilera y Rocío Rueda Hurtado sobre los problemas actuales del estado: conurbación, urbanización, asentamientos humanos y densidad poblacional. Los múltiples factores que han incidido en estas cuestiones van desde la inmigración laboral y residencial hasta la contaminación y cambio de uso del suelo rural por urbano, asociado con expropiaciones de tierras y la instalación de instituciones, fábricas e industrias, que, si bien han contribuido a elevar la tasa de población económicamente activa, han provocado noxas irreversibles.

 

IV

Toda empresa humana es inacabable. Al emprender el trabajo, pionero, del atlas no se cuantificaron las nuevas circunstancias que en su elaboración se encontrarían. Sólo se confió en la calidad intelectual y moral de los que en él participaron de manera responsable y profesional. El reto, grande sin duda, se convierte, ahora, en un logro fáctico. Si en algo se ayuda a la mejor comprensión de la realidad del estado de Morelos, mucho se habrá logrado y el esfuerzo de los autores tendrá su recompensa.

 

 

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