Cuento para Melissa

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Víctor Roura - Cuento para Melissa
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Viñeta

Víctor Roura, yucateco, fundador y coordinador de secciones culturales, revistas y periódicos, es autor de varias obras.  
 


Viñeta

Eusebio Ruvalcaba

Una extraña e inefable emoción empezó a apoderarse de mí cuando tuve en mis manos el Cuento para Melissa. Exactamente como sientes cuando sumerges la cabeza en un agua en la que es posible respirar.
        Porque todo aquello era ensueño y era bueno.
        Cómo vibraba mi espíritu a la par del personaje principal. Cómo lo envidié. Cómo quise ser él. Tener el valor de no ir al trabajo y quedarme tirado en la cama. Y poder ver la mano que habla. Y la araña con audífonos, y que mi almohada estuviera repleta de arena de mar, y de una tortuga y de un hipocampo. Y de conchitas y peces disecados. Pero sobre todo de un caracol, de ese caracol. Que por fin me fuera dado ponérmelo al oído y escuchar los secretos: la niña que se pone la piyama, los rayos que caen en medio de la insondable noche, los pasos en la habitación húmeda, el mar embravecido, los besos de una madre desconsolada, dos voces de abuelitos...
        Qué imaginación portentosa la de este señor Víctor Roura. Cuánto amor y sabiduría hay detrás de cada línea que escribe. Qué ternura la suya, aunado a la escritura regia. Y qué calidad y gran arte en el trazo exigente del maestro Alarcón. Como si viéramos encuadres cinematográficos.
        Se habla mucho y se teoriza más —casi siempre inútilmente— acerca de los libros infantiles. Yo creo, en una palabra, que el Cuento para Melissa es un claro ejemplo de la belleza que este género es capaz de engendrar.
        Y no nada más lo creo yo. También Melissa, la pequeña para quien este libro fue creado.
 


Viñeta

 Raquel Peguero

Víctor Roura comenzó a escribir la historia de un hombre que no quiere levantarse de su cama, como cualquier otra de las muchas que hace a diario. La dejó por ahí reposando y poco después la releyó. Entonces pensó que podría tener algún interés para su hija Melissa, así que con su mejor tono de voz, se la contó. Ella se entusiasmó a tal grado que comenzó a imaginar hipocampos, almohadas llenas de arena de mar, arañas, y contagió con su imaginería a su padre, quien se dio cuenta que ella concebía mejor esa historia, a la que le fue dando la forma que Roura quería y que finalmente pulió e imprimió.
 

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