Momentos de mi vida

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Autor: Emilio Gamus

Momentos de mi vida, Emilio Gamus, 2011, 100 p., ISBN 978-607-420-078-2, $100.00
$100.00


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Viñeta

 

Estrella Asse

 

Durante muchos años, Emilio Gamus imaginó que algún día podría relatar la historia de su vida. El interés por recuperar los momentos que consideró significativos en el transcurso del tiempo lo motivó a escribir fragmentos de sus vivencias que conservó en páginas dispersas y con ello previno que cayeran en el olvido.

Movido por la intención de expresar ese cúmulo de narraciones, que eran apenas un intento de transformarse en el libro que hoy tenemos en las manos, nació la idea de recurrir a mí, de proponerme dar forma a lo que tenía entonces esbozado y añadir información que completara un ciclo, que tendiera un puente entre el pasado y el presente y se insertara en los distintos lapsos que conforman su biografía.

Con miras a lograr el objetivo, el vínculo, de por sí cercano entre tío y sobrina, se convirtió en un pacto que dio inicio a la aventura, en un lazo que día a día se fortalecía por el deseo de concretar un proyecto conjunto: el de mi tío que a los 93 años quería contar con su propia voz los momentos trascendentes a lo largo de su vida y el mío que consistiría en armar el rompecabezas de relatos aislados y organizarlos hasta completar un nuevo texto.

Nuestros encuentros transcurrieron entre amenas pláticas, sesiones de grabaciones, en el intercambio de opiniones, en oír sus anécdotas y disfrutar de ser la escucha que transcribiría el tono de su voz, la lucidez de su pensamiento; la que lo motivaba a jalar los hilos de la memoria para tejer un recuerdo que lo llevara al siguiente y así recrearlos con distintas gamas en el eco de su expresión.

Aunado a la transmisión oral de sus ideas, la congruencia poco común de su escritura—más aún, considerando que el español no es su lengua materna— y la profundidad de las reflexiones que plasmó en sus notas, acrecentaron mi deseo por conocerlas. Poco a poco me fui adentrando en el mundo de un hombre ávido por comunicar los hechos que marcaron su rumbo itinerante por distintos países, de un personaje que me invitaba a viajar a épocas distantes, a recorrer trayectos inesperados y entornos desconocidos que me remontaban a episodios sorprendentes de hazañas cotidianas.

En ese diario vivir, en ese núcleo de acontecimientos que mi tío me relataba, se abría una puerta al interior de un protagonista cuyo andar se impulsó por el empeño de vencer, una a una, las vicisitudes que tuvo que enfrentar, pero que jamás minimizaron el anhelo de cumplir sus sueños.

Las épocas convulsionadas por las guerras, los encuentros fortuitos que cambiaron su ruta, los nombres que adoptó en terrenos por los que transitó, la Tierra Prometida y la América soñada, el arraigo familiar y la dispersión, el exilio o la diáspora son componentes de un relato que deja entrever, mas no dice todo; que obliga a imaginar, a ir más allá de lo dicho, a percibir la viveza de las experiencias que nos incluyen como oyentes de un rico bagaje personal.

Su paso por la vida es la crónica de un guerrero que libró las batallas más gloriosas: el empeño por esforzarse en trabajar de manera honrada, de respetar a la mujer con quien ha compartido su vida por más de 50 años, de forjar juntos una familia sustentada en valores perdurables, de tocar con su generosidad el corazón de quienes lo rodean, de atesorar la herencia de su sencillez, de su dignidad.

Queda en esta obra la huella indeleble de un ser que preserva en ella su esencia, que sabe que la palabra escrita nace por la necesidad de existir, de grabar memoria, de recorrer otros caminos, de llegar a las manos que la acogerán para reiniciar una travesía de interminables encuentros. Será, también, legado y luz para las generaciones venideras, un ejemplo de admirable tesón, una conciencia nutrida en el valor, un testimonio que celebra el amor por la vida.

Colaborar en la realización de este trabajo, gozar de la cálida compañía de mi tío y ser partícipe de su historia dan a la mía una nueva tonalidad, es un privilegio que me honrará por siempre. 

 


Viñeta

Elías Gamus

 

Buenas noches.

Gracias a todos por acompañarnos en este momento tan importante.

Gracias a Esther Shabot y a Mónica Unikel por su presencia y sus palabras, a Carlos López por su trabajo tan profesional, su entrega y confianza.

Gracias a Bernardo Kupfer por todo su apoyo y su trabajo desinteresado y tan valioso. Muy especialmente, gracias Estrella; sin tu apoyo no existiría este libro y esto es obvio. Con mi más profundo cariño, reconozco tu gran empeño, tus largas horas de trabajo y el enorme amor con que emprendiste este proyecto que tanto significa para mi papá.

Quisiera hablar, más que de este libro, que considero un legado invaluable para nuestros hijos, nietos y bisnietos, del hombre, de Emilio Gamus, de mi papá.

La primera frase de la primera página es parte de un proverbio del rey Salomón: «Que no te abandonen la bondad y la paz. De tal modo, encontrarás gracia y sabiduría delante de Dios y de la gente».

Esta frase que mi papá cita es el hilo conductor de su vida.

La bondad de mi papá, entendida como ayuda desinteresada para todos: para sus padres, sus hermanos, su esposa, sus hijos y todo aquel que lo necesitaba.

La paz de mi papá, que viene de una conciencia tranquila por saber que hace lo que puede, el mejor esfuerzo porque los suyos estén bien.

Todos hemos escuchado «no hagas a otros lo que no quieres para ti». Mi papá no lo dice, lo vive, y va por la vida entregando sabiduría, conversando con mayores y con niños por igual, prodigando un amor infinito, aconsejando con inteligencia y escuchando con humildad, aprendiendo todos los días con la curiosidad de un niño.

Con esa bondad y con esta paz, conquistó a mi mamá, la hizo intensamente feliz, la cuidó y la consintió y la sigue cuidando y la sigue consintiendo.

Con esa bondad y con esa paz nos educó, nos cuidó, nos aconsejó y nos transmitió valores y principios a mis hermanos y a mí.

Es una gran suerte tener a Emilio Gamus como padre, es un privilegio y un orgullo ir por la vida, contestando quién es nuestro papá y, cuando contestamos, recibir elogios, felicitaciones y ver cómo se abren puertas.

Sin duda, mi papá tiene mucha bondad y mucha paz, es por eso que ha encontrado gracia y sabiduría ante Dios y ante la gente.

 


Viñeta

 

Moisés Gamus

En nombre de los nietos y los bisnietos, queremos agradecer a nuestro abuelo Djemil por este valioso legado histórico, una ventana a los recuerdos de un hombre virtuoso en su andar por la vida.

  A través de estas memorias, podemos reconocer el carácter bondadoso y perseverante que siempre te ha caracterizado, así como la serenidad, integridad y fortaleza espiritual que te han valido el respeto y admiración de todas las vidas que has llegado a tocar.

  Leer el libro es como estar sentado junto a ti, escuchando tus anécdotas y aprendiendo de nuestros antecedentes y los más profundos valores humanos.

  Agradecemos a Estrella por su entrega y dedicación, por lograr dar voz y estructura a estas lúcidas memorias, manteniendo un hilo claro y conciso a lo largo del libro. Gracias a todos los que ayudaron a compilar, editar, financiar y hacer posible este invaluable pedazo de historia.

  Nos sentimos honrados de ser una rama de este sólido árbol familiar; que Dios nos permita continuar sembrando tus valores y ejemplo en las generaciones venideras.

 

«Irbu yameja veyosifu Leja shenot Jaim».

 


Viñeta

Momentos de mi vida, de Emilio Gamus

Carlos López

 

Emilio Gamus decidió contar instantes de su vida, a partir de una vasta cronología, con perseverante ánimo, con un afán testimonial y para remarcar sus valores, que engrandecen su existencia dedicada al trabajo, a la lucha cotidiana. Qué mejor manera de abrir el libro que con este sabio proverbio: «Que no te abandonen la bondad y la paz. De tal modo, hallarás gracia y sabiduría delante de Dios y de los hombres». El hilo que mueve los pasos del ser humano es misterioso, laberíntico. Ante las incógnitas que se abren en su camino, guiarse con estas palabras ya es bastante, son un buen principio para llegar a puerto seguro.

Las vicisitudes por las que atravesó Emilio Gamus implicaron distintas geografías, contextos hostiles, injusticias laborales, hasta cambios de nombre y apellidos. Todo lo supo enfrentar con coraje, con dignidad. A él se puede aplicar el aforismo de Rabindranath Tagore: «Soy como el sándalo que perfuma el hacha que lo hiere». En su testimonio deja constancia de que las palabras solidario, fraterno, honesto no están desgastadas; que no hay lugar común en las frases «ganarse el pan con el sudor de la frente», «no hay mal que por bien no venga», «haz bien y no mires a quien», «si no sabes, aprende», «en casa chica caben mil amigos», «piensa bien y te irá bien», que es el lema del autor.

Él conoce el trabajo de imprenta, pues trabajó de adolescente más de cinco años en una casa editorial. Tal vez una motivación profunda por contar su vida fue su experiencia con las formas tipográficas y el olor del papel. De manera que tener en su haber un libro propio es la guirnalda que corona su existencia. Con amor e intuición, Elías Gamus decidió dar a luz la luz de su padre, un gesto noble que demuestra la madera del árbol proveniente de Alepo.

Debe celebrarse la decisión del autor de legar a sus lectores —que con seguridad trascenderá el ámbito familiar— un texto que hallará a su lector ideal, alguien que tal vez todavía no conoce, pues, como la vida, los caminos de los libros son azarosos, pero seguros.

Hay que agradecer, también, el trabajo de Estrella Asse, que dio forma e hizo florecer en las páginas de este libro una trayectoria dedicada a embellecer la vida de los otros, con desapego, con bondad. Estrella iluminó con pasión y entrega este trabajo.

 

 


Viñeta

 

Mónica Unikel-Fasja

Una tarde me encontraba en uno de mis lugares favoritos en Polanco, el Café Europa, con mi amiga Raquel Charabati, quien está de viaje, con una frustración tremenda de no poder estar aquí. Ella ya me había dicho muchas veces: «Tienes que conocer al señor Yemil». Pero claro: siempre nos gana lo «urgente» y dejamos para luego lo «importante». Y lo fui dejando. Total, esa tarde me lo encontré allí: impecable, elegante, sonriente, tomando un expresso, solo. Ya por todo eso me sentí identificada con él. En esos días estaba escribiendo un artículo para la revista de Maguén David sobre las enfermedades de otras épocas y necesitaba información.

Me acerqué al señor Yemil y le pregunté algo así como: «¿De qué se enfermaban en Halab?, ¿cómo se curaban cuando usted era niño?». Y me empezó a contar cosas tan interesantes como los nombres de los doctores: uno se llamaba Antunnian; era armenio, le decían El Capitán; el doctor Romanov, con el que todos iban; Karim, un musulmán un poco seco, o Abu Gadro, un oculista que tenía su consultorio en Bahsita, donde vivía la mayoría de los judíos, o el huesero Azar, un armenio que lo curó de una rotura de pierna y unas señoras Attar que tenían parches y una pomada que hacían para las irritaciones y las parteras Sebatiá.

Estábamos hablando que el señor Yemil nació en Alepo en 1918 y se fue de allí siendo adolescente; han pasado muchas décadas desde aquello, pero su memoria está impecable. Y mi concierto en el Auditorio iba a empezar y no me quería ir. Quedó pendiente el o los encuentros con tiempo y grabadora (en éste fue a mano y rápido, no paraba de contar).

Me quedé fascinada con el encuentro, con la memoria, con los recuerdos, la manera de narrar y sobre todo: el carácter amable, contento y con sentido del humor.

Se imaginarán que cuando me llamó Estrella para invitarme a este gran día me emocioné muchísimo.

En primer lugar, por el cariño que le tomé esa única vez que nos encontramos, que nos hizo muy cercanos. Pero, además, porque creo que estas biografías son verdaderos tesoros nacionales. Es en estos relatos particulares que se construye el relato de los pueblos en su intimidad, en su detalle, en su cotidianidad. Como dice Rosas: «Los pequeños sucesos son una forma diferente y agradable de acercarse a la historia; son un instrumento para despertar la pasión y el gusto por los tiempos que se fueron, por los hechos que parecen condenados al olvido».

La intención de estas biografías no es literaria: es de rescate, de recuperación y de compartir con la familia las memorias de un mundo inexistente. Aunque, en este caso, se cuidó todo perfecto.

No hay una historia, sino infinidad de historias y éstas son las verdaderas; aquí no   estamos hablando de la verdad y la objetividad inexistentes, sino de lo que constituye la verdad para cada hombre, para cada relator; ésa es su vida.

Además, el señor Yemil representa un mundo que ya no existe.

No todas las biografías son tan interesantes. He conocido hombres muy longevos con muy poco qué contar, cuyas vidas no han sido interesantes.

Pero el señor Yemil, además de tener muchos años, ha vivido acontecimientos que nosotros sólo hemos leído en libros y periódicos.

Me impacta sobremanera estar sentada frente a alguien que nació en Jalab en 1918 y cómo salió de allí a los 16 años y aún tiene muchos recuerdos. Con sus historias sabemos qué tanto de las costumbres milenarias se mantienen, qué tanto han cambiado. Por ejemplo: que las familias eran muy unidas, que todos cuidaban el shabat, que la comunidad era muy cerrada. Muchos siguen diciendo hoy lo mismo. O de lo que se perdió, como la música que se tocaba en los entierros (p. 25). ¿Se imaginan

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