Esculturas peligrosas

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Esculturas peligrosas, José Toledo Ordóñez, 2012, 56 p., ISBN 978-607-420-102-4, $200.00
$200.00


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Viñeta

 

José Toledo Ordóñez  (Guatemala, 1951) ha expuesto su obra pictográfica y escultórica en varios países de Centro y Norte América y se encuentra en colecciones privadas y en espacios públicos, donde el autor aspira a exponer su arte para que cumpla su misión de comunicar. Con un discurso alejado de poses y modas, Toledo Ordóñez quiere que su trabajo sea a la vez un grito de rebeldía y la manifestación silenciosa de la divinidad; esto se percibe en su manera de relacionar su trabajo con la naturaleza. El ímpetu apasionado del artista se colma en cada creación —su modo de hacer presente el espíritu que lo impulsa—. En sus esculturas hay gozo, alegría, danza, comunión.

 

 


Viñeta

 

María Cruz

El trabajo escultórico de José Toledo Ordóñez está signado por los cuatro elementos, pero en especial por el aire, por el soplo que lo anima y lo rodea. Estas obras dan aire y lo piden con igual impulso, pues sus formas son dinamismo, movimiento que busca ensanchar el espacio y darle belleza.

Todo escultor es osado: corta, pule, ensambla materias poco dóciles y con ellas modifica el espacio, lo transforma y dimensiona para que lo cotidiano sea diferente. En las obras de Toledo Ordóñez es común encontrar gozo, juego, un peso en la balanza que se inclina a la luz porque aunque hay crítica a la devastación de la naturaleza, las esculturas tienen mucho de danza, respiración y festejo, de continuidad vital. Las obras invitan a salir de casa, a percibir el exterior a través de sus formas girantes, de sus huecos y texturas. No es posible separar la escultura de la sensualidad, de la exaltación de lossentidos que hallan ahí una feliz correspondencia. Estas obras convierten lo perecedero en duración móvil; los animales y los árboles, las ciudades ofrecen diálogo y misterio y tienen, además, un apetito de vuelo. Lo vertical predomina, hay un intento de elevación, pero también de asentamiento; este doble brío le da un centro poderoso a las obras del artista que parecen llevar dentro un enérgico corazón, un imán a la tierra y un deseo espiritual. Lo más inquietante del arte es que, separadode las intenciones del autor, podemos encontrar distintos lenguajes e interpretaciones; el arte no impone nunca, sugiere, propone un cosmos de múltiples reflejos. Que una obra extienda la apertura le da un valor extra y ésta es así, inspiradora. El que observa la obra de Toledo Ordóñez indaga su enigma, participa de él; pregunta y las obras responden con su lenguaje corpóreo, con su creciente fuerza que contagia lo que el mundo tanto necesita: ilusión, gracia, utopía.

 

 


Viñeta

 

La danza escultórica de José Toledo Ordóñez

Carlos López

 

La escultura es el género más vivo del arte, por cuanto de palpable tiene y por la cercanía que ofrece al espectador, que lo ve desde distintas perspectivas, con una mirada poliédrica. La materia, el volumen y la textura de una pieza escultórica provocan sensaciones que no se obtienen en otras artes; el esfuerzo y los medios que requiere su hechura agregan grados de dificultad en el proceso de elaboración, además de los riesgos al trabajar con la materia con que se hace y que «la escultura no consiste en el simple labrado de la forma de una cosa, sino en el labrado de su efecto», como afirma John Ruskin. En una escultura se graba amor, pasión, poesía; el artista es capaz de insuflarle espíritu; el caso paradigmático de esto último es Pigmalión, cuya gloria-infierno narra Ovidio en su Metamorfosis.

La naturaleza también es generadora de arte. La mano del hombre interviene a veces sólo como apéndice de una creación que forma de manera mágica el tiempo, ese gran creador de obras de arte. Tal vez por eso el arte es intemporal y hasta el más antiguo es contemporáneo, de ahí su inmortalidad. 

El origen del arte escultórico es antiquísimo; surgió antes que la pintura y es más perdurable que ésta. Aunque la escultura tuvo un umbral ligado a lo divino, muchas piezas también tuvieron un origen utilitario. Hace alrededor de 30 mil años, las venus paleolíticas —bautizadas como la Venus de Willendorf y la Venus de Lespugue— representaban la fertilidad, pero ya existían esculturas-herramientas diseñadas para trabajar, como las que sirvieron para elaborar estas figuras que exaltaban las formas femeninas.

América Latina es prolífica en arte escultórico; el área Mesoamericana tiene piezas monumentales creadas para estar en armonía con el Universo, más que como piezas de museo. La libertad en la creación está a tono con la libertad espacial que cada obra pide para resplandecer. En Guatemala se conservan esculturas que muestran la magnificencia de los artistas más antiguos, pioneros en este arte cósmico.

Las esculturas de José Toledo Ordóñez irrumpen en el espacio con una visión enraizada en la naturaleza, aunque la materia de su trabajo es la que genera el contexto urbano, su hábitat. El discurso del artista hace únicas las piezas, que en conjunto logran una narrativa vital, esperanzadora. Esculturas peligrosas —Bestiario, Bosque Urbano, Ciudades Utópicas— es un diálogo entre la creación primigenia y la actual. La honestidad e independencia del trabajo de Toledo Ordóñez vienen de oír su voz interna, de reflexionar, de descifrar los misterios de la naturaleza; por eso su obra transmite energía al sacar a la superficie la luz que recogió de las profundidades del misterio creativo. 

Una característica del trabajo de Toledo Ordóñez es que conjuga un aire lúdico con la seriedad del oficio; domina los materiales con los que trabaja, además de entenderlos, pues con ellos expresa ductilidad, soltura. «¿Por qué el arte ha de ser estático?», preguntó alguna vez Alexander Calder, y el artista guatemalteco coincide con él al crear un mundo que tiene vida, que sugiere movimiento; los animales parecen impulsados por el oleaje del mar, los árboles ondean sus frondas metálicas, las ciudades respiran. Su arte no busca imitar la realidad, más bien la enriquece con el ensueño creativo, con la perpetua metamorfosis de la vida que busca el juego, la transformación de alcanzar una condición y abandonarla para ir a otro carácter; quizás lo que importa es la generosidad de formas donde es posible la mudanza de lo anfibio a lo terreno, al fuego; encontramos casi dragones o toros, aves, los elementos conciliándose en un bestiario personal, íntimo y festivo que sin embargo no se encierra, se ofrece al espectador. El trabajo de Toledo Ordóñez nos inspira silencio y gozo porque su obra invita a la contemplación, pero también al rito que implica comunidad, correspondencia. El bosque metálico abre y cierra su misterio, los árboles transforman el viento y lo purifican. 

Las esculturas de Toledo Ordóñez dignifican el espacio, pues sus dimensiones y belleza piden aire, pulmones, amplitud. En su visión crítica esta obra agrega belleza al mundo; en su intento de sacudir al espectador, otorga sensualidad, goces. La obra contagia energía, una vitalidad que en términos literarios hace pensar en Walt Whitman, una voz potente que revitaliza lo cotidiano y lo colma de arrojo. Aquí aparece la utopía; el artista enfrenta su talento con brío y fe; enriquece el orbe que lo rodea, observa y crea formas que son universos, ideas, visiones.

 

 

 


 
Viñeta
 
Jasmina Jaeckel
 
Acero. Acero puro, inoxidable y estético, en lámina virgen, combinado, elegantemente, con cobre y latón remachado, algunas piezas pintadas con colores vivos, forman una serie de maravillas frías, lisas, abstractas, con tendencia a la monumentalidad: Esculturas peligrosas. Así se expresa el arte de José Toledo Ordoñez, hombre versátil, generoso, jovial. Abrimos el catálogo de Praxis y nos cautiva la belleza. En papel inmaculado blanco, mate y firme —que dan ganas de hojearlo—, se está comunicando la obra de Pepo. Por medio de las fotografías nítidas, tomadas por Carlos Adampol Galindo de diferentes ángulos en el paisaje espacial-museo, nos enteramos de tres series del creador-escultor guatemalteco: «Bestiario», «Bosque urbano» y «Ciudades utópicas», comentadas por Carlos López, Maurizio Colombo, María Cruz y el mismo José Toledo. Las esculturas metálicas nacen de un proceso sofisticado, apoyado en la técnica moderna, legado del pasado, su apasionamiento por los carros (de lujo) que constituyen parte de la biografía personal. A Pepo le da satisfacción crear con materias primas, industriales de su taller. Según testimonio suyo, le inspira la naturaleza, espléndida, aunque ya afectada y en serio riesgo de desaparición en la vida cotidiana urbana. Nos hace partícipe de su credo artístico, la fe en Dios, la responsabilidad para la creación divina, la búsqueda afanosa por un lenguaje auténtico. Además, en palabra y objeto nos manifiesta su compromiso con la estética, la armonía, la belleza. Se supone el arte en peligro por corrientes y modas contemporáneas, amén de la especulación irracional de un creciente mercado dominado por actores hipócritas, esnobista. Entonces, está poniendo énfasis, insiste en la libertad, tan indispensable e inseparable de cada artista honrado. Ética e independencia habían sido valores humanos siempre en peligro por intereses ajenos. Pepo hace un llamado urgente a la conciencia del público, nosotros, a fuerza de su arte, peligroso.  Praxis editó una selección representativa de la obra de José Toledo Ordoñez. Nos queda un documento válido y hermoso de las últimas exposiciones en México (Costa Rica, El Salvador y Guatemala). Las Esculturas peligrosas, con sobriedad metálico-estética inerte, anuncian la conquista del mundo de la cultura internacional. 
 

 

 

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